Se cumplieron 160 años del partido de Lomas de Zamora
Una mirada desde la llegada del ferrocarril
Viernes, 10 de septiembre de 2021
El tren paró en la estación Lomas por primera vez un 14 de agosto de 1865. Luego la evolución de la ciudad del sur fue en ascenso, así como la calle céntrica.

Por Federico Gastón Guerra 

El Ferrocarril Sud hacia marzo de 1864 inauguraba la Estación Central en Plaza Constitución. Esa fiesta fue, sin duda, la piedra de toque para lo que más tarde sería la aparición del tren en Lomas de Zamora. 

El gran objetivo de aquel entonces era llegar con las locomotoras hasta Chascomús, por eso la empresa ferroviaria tenía trabajando más de 1500 personas en la traza de esta línea. Eduardo Lumb, gerente de la Empresa del Sud, promulgó en 1860 "Construiremos un ramal hacia Chascomús, o más adelante si se lo cree conveniente", mentó en Su libro Cesar Adrogué en 1910.

 Ya en 1865 el primer tramo, hasta Jeppener, estuvo terminado cumplimentando 77 Kilómetros de recorrido desde Plaza Constitución. El servicio se libró el 14 de Agosto de ese 1865, y Lomas era una de las estaciones en ese primer trayecto rumbo al Sur. Ese recorrido fue: Plaza Constitución, Barracas (hoy Avellaneda), Lomas, Glew, San Vicente (hoy Alejandro Korn), Domselaar, Ferrari (hoy Brandsen) y Jeppener. Meses después, el mismo ramal se prolongó hasta Chascomús. 

Según se pudo extraer del libro Ferrocarriles de la Provincia de Mario Justo López la empresa del sud contaba con 8 locomotoras (construidas todas en 1864 por la firma Stephenson and co.), treinta y ocho vagones con capacidad para 1420 pasajeros, siete vagones para encomiendas, entre otro tipo de coches que se utilizaban para carga. La trocha de estas vías era ancha, es decir de 1,676 mts. 

Ese Ferrocarril Sud contaría en su haber con el cruce de dos ríos: el Riachuelo y el Samborombón. En un principio se pensó unir también pueblos como San Vicente y Cañuelas en la red de ese ramal, pero eso fue desestimado luego de hacer ciertas nuevas planificaciones. 

"Cuando se inaugura el Ferrocarril del Sud, en 1865, no solamente en Lomas de Zamora estaba todo por hacer, sino que había que hacerlo todo en el extenso territorio nacional. Las poblaciones eran escasas y dispersas, no existían caminos, las provincias no podían precisar sus límites, el alambrado se desconocía, la incomunicación era total por falta de telégrafo y las agitaciones internas se sucedían provocadas por caudillos que operaban en distintas partes del país", reseña Juan Luis Stoppini en un trabajo sobre el ferrocarril en Lomas de Zamora. 

Esa era la realidad que envolvía a Lomas de Zamora y al país: situaciones difíciles y sensaciones de una patria que se iría armando al compás del ferrocarril y con la fuerza de las locomotoras que recorrerían kilómetros de nada para enlazar pueblos, ciudades y llevar todo lo necesario para contribuir a la unidad de una nación que comenzaba a gestarse. 

Un viaje de Capital a Lomas... Luis Legnani describe así un viaje desde capital a Lomas en tren: "El horizonte se recortaba a la distancia, en largos trechos, por un almacén de 'Ramos Generales' o por la clásica pulpería, refugio acogedor y obligado de los pobladores, gauchos y campesino en su mayoría, que habrán mirado asombrados el paso humeante y veloz del tren que en pocos minutos unía Buenos Aires con su pueblo, cuando ellos necesitaban horas de caballo o de la mensajería para realizar el mismo recorrido". 

El periodista Germán Sopeña en "El diario íntimo de un país" también da su visión del paisaje lomense: "En todos los casos, el ferrocarril valorizó y transformó las regiones que tocaba. Y, en la mayoría, alrededor de la estación surgieron barrios donde hasta la arquitectura de las casas, con su predominio de ladrillo a la vista y los techos de tejas, muestran hasta hoy la influencia muy emparentada con el origen británico de las compañías de ferrocarril". 

"Fuera en Olivos o en Banfield -sigue Sopeña-, en Hurlingham o en Adrogué, en Villa Devoto o en Ramos Mejía, en Lomas de Zamora o en Tigre, la influencia del ferrocarril fue inmensa sobre esas comunidades urbanas que se desarrollaron alrededor de la estación. Viejas quintas con techos parecidos a los de las estaciones, casas de estilo inglés y los principales negocios del barrio concentrados alrededor de la estación son todavía hoy la muestra de lo que significó el tendido de las líneas férreas." 

Nunca tan justas las palabras que William Rögind escribió 1937 cuando editó la "Historia del Ferrocarril Sud": "El silbato de la locomotora se hizo cada vez más frecuente, más conocido y más querido: los ramales ferroviarios, como tentáculos, se extendieron por todos los confines del territorio".