Por Esteban Pablo Rial
Las encuestas versus Donald Trump
Lunes, 19 de octubre de 2020
Basicamente, estamos viendo la misma película que arrancó con su precandidatura republicana en 2015, The Donald, autoproclamado como The Champion of The People, contra el resto del showbusiness, el establishment, las elites, The Global Mainstream.

 Cada vez falta menos para el martes 3 de noviembre, fecha señalada en la que tal vez, confirmando lo que nos predicen las encuestas y aseguran los especialistas, Joe Biden, peso mediano de extensa trayectoria en el ocaso de su carrera, ingresa a sus 77 años en el libro Guiness de los Records como el ser humano más anciano en comandar la primer potencial mundial. También puede pasar que contra todo pronóstico pero para sorpresa de nadie, sea reelecto Donald Trump, peso pesado defensor del título y personalidad político mediática única en su especie. También existe una tercera opción, compatible con ambas alternativas, y es que esa noche no se defina nada y de comienzo a una guerra civil judicial en la línea de la definición Bush Jr versus Al Gore del año 2000 pero elevada a su enésima potencia, incluyendo protestas pacíficas, saqueos, represión policial, incendios, etc, etc. Este escenario de caos sería evitable si alguno de los dos gana por knock out, en lo que los gringos llaman un landslide y nosotros ganar por goleada.

No vamos en esta ocasión a detenernos en cuestiones tan pueriles, coyunturales y fascinantes como quién ganó el primer debate, que fue desagradable, pero no más que el tercero entre Donald versus Hillary en el 2016, o aquella pelea en la Las Vegas año 1997 en la que Mike Tyson le mordió la oreja a Evander Holyfield. Tampoco analizaremos cómo afectan a estas últimas semanas de campaña el contagio y recuperación de The Orange Man, setenta y cuatro pirulos y unos cuantos kilos de más según esas tablas que te cantan la justa, ni su gestión de la pandemia, sin la cual su reelección estaría garantizada.

Lo que motiva estos párrafos es simplemente dejar sentado que a esta altura de la contienda, visto desde la esquina más deplorable del cuadrilátero, las señales de que esa misma marea que sorprendió el mundo en 2016 se repita aumentada y rebalsada durante este 2020 resulta abrumadora, al punto que los únicos dos datos supuestamente a favor de una victoria del ticket Biden Harris son los números de las mismas encuestadoras que no la vieron venir la vez pasada, y el consenso entre los analistas periodísticos y académicos, sector de la población con fuerte tendencia a guardar las sobras en tupperwares y luego recalentarlas en el microondas...

A esta altura del siglo XXI, con todo el respeto del mundo a los sondeadores de opinión con aires pseudocientíficos y a los periodistas profesionales que las citan como fuentes autorizadas, nadie se las puede tomar muy en serio. Aunque es indudable su valor como herramienta para auscultar subas y bajas en las preferencias y modas elitistas y populares, los modelos aplicados tienen sus vicios, la gente contesta lo que se le canta y hasta miente por deporte, las variables son infinitas, y además en el caso de los Estados Unidos de allá arriba, al ser un sistema de colegio electoral, ni siquiera es estrictamente una elección sino la sumatoria de 50 elecciones de las cuales resulta un presidente electo, por lo que la cosa es demasiado compleja como para que nos vengan con un numerito y un supuesto margen de error, que ya somos todos gente grande.

Lo cierto es que a esta altura del esperpento el trumpismo como fenómeno político pop, la gorrita MAGA (por Make America Great Again), sus viejos y nuevos slogans, carteles, banderines y catarata de memes y tik toks están simplemente desatados, algo lógico y esperable tras tres años y medio de Donald habitando la Casa Blanca. Más cuando su presidencia, caótica en sus formas y cualquierista hasta el paroxismo, se mantuvo bastante enfocada en cumplir con sus promesas de campaña, algo bastante inaudito entre cargos públicos electos occidentales. Mientras tanto, nunca dejó de esmerilar a sus adversarios y/o enemigos a muerte, incluyendo ex colabores cercanos, o sea todo aquel que se le ponga enfrente, sin distinción de sexo, razo, religión ni orientación, siempre con ese estilo denigrante y lapidario que tan bien se le da.

Basicamente, estamos viendo la misma película que arrancó con su precandidatura republicana en 2015, The Donald, autoproclamado como The Champion of The People, contra el resto del showbusiness, el establishment, las elites, The Global Mainstream, the Hollywood New York Times Washington Post Silicon Valley Complex y siguen las firmas.

Tras una una serie de videitos cortos e hilarantes mientras se recuperaba de alguna cepa del Covid-19, su primer acto de campaña fue este domingo en la Casa Blanca frente a una audiencia compuesta por negros y latinos, en la que habló 18 minutos, y luego este volvió a los baños de multitudes en Florida, en donde se extendió una hora y terminó bailando YMCA de los Village People en plan acá no pasa nada. Antes, en los días previos a ponerse pachucho por el culpa del chinese virus que le vino a escupir el asado de su reelección, Donald estuvo haciendo campaña en Minnesota, Virginia y New Jersey, tres estados en los que ganó Hillary la vez pasada, o sea que no solo juega al ataque sino que además goza socavando en la grieta interna del partido demócrata, la que se da entre sus históricos votantes más clase mediosos y pagadores de impuestos y esa maravillosa juventud ecológica que no sabe de edades ni se conforma con el statu quo y lo quiere todo y lo quiere ya, obviamente gratarola.

Mi percepción como aficionado a los deportes de masas y/o concursos de belleza, es que mientras el amor incondicional a Trump por parte de su base es mayor que nunca, el odio a Donald 2020 es el mismo odio del 2016: no es que algunos ciudadanos antes indiferentes ahora empezaron a odiarlo, sino que los que lo odian, ya lo odiaban de antes, y si bien es cierto que hay nuevas camadas de votantes juveniles que lo odian (y que muchos que no votaron entonces o votaron verde o libertario, tal vez vayan a votar ahora a votar contra el monstruo), la impresión es que los que lo odian son los mismos de siempre, más cansados y con un mascarón de proa con la cara de Joe Biden, que te la baja a nivel subsuelo...

Por otra parte, algo que sí viene creciendo durante estos últimos años es el repudio público y privado hacia el partido demócrata, actitud cada vez más de moda, particularmente entre minorías, dueños de locales incendiados, católicos asqueados de sus obispos, veteranos de guerra, policías y ex presos. A caballo del #walkaway movement (que arrancó con un video en youtube de un peluquero gay neoyorquino), y el "#blexit (african americans que abandonan la plantación demócrata recordando a sus brothers & sisters que Abraham Lincoln era republicano y el KKK es un club privado de demócratas sureños) al partido demócrata la sopa de letras se le está poniendo espesa, pero de eso no se habla, porque hacerlo sería hacerle juego a Donald Trump, que como todos sabemos es la persona más malvada del mundo, y si nos lo sacamos de encima todo volver a ser como antes, aquellos años de Obama Premio Nobel de la Paz.

Para colmo, Joe Biden, que cuenta 77 pirulos y no para de hacer papelones cada vez que abre la boca, es seguramente el peor candidato posible para el partido demócrata. Sin entrar en detalles sobre su vida y obra del histórico senador (fue electo por primera vez en 1972) y dos veces ex vice de Obama, si los medios le aplicaran la misma vara que le aplican al actual presidente, Joe quedaría en piel y huesos y sin la dentadura postiza, y entonces mejor mirar a Kamala Harris, su compañera de fórmula, mezcla de Hillary y Obama, 55 años, los pantalones bien puestos y la dentadura afilada, pragmática y moderada canta el coro periodístico, y sino preguntale a los 1500 fumadores de marihuana que encarceló como fiscal. Lo que se dice una fórmula problemática, sobre la cual me encantaría extenderme si resulta ganadora, pero tampoco quiero hacerles perder el tiempo con actores de reparto.

Luego están las cuestiones políticas de fondo, las grietas de ellos, que también son las nuestras pero diferentes y con otro folklore; su relación con las armas y con la libertad religiosa, el free speech, los uniformados, la bandera, el aborto, la Suprema Corte... A final de cuentas, se trata de una pulseada de fondo entre el clásico american way of life y una suerte de socialdemocracia multinacional ecumémica convergente con mucho de publicidad de Benetton de los noventa, que será que me estoy poniendo viejo, pero en lo personal la veo como una imágen medio gastada, y que si encima te garantiza una suba de impuestos hay que tenerle muchas ganas...

Cuestión que veremos veremos después lo sabremos. En caso de estar yo delirando y confirmarse que Biden sucede a Trump y Kamala es la nueva Obama pero con tacos, quiero que sepan que me siento bien y estoy disfrutrando muchísimo del espectáculo, así que no se preocupen, la semana que viene me hago lo de los anticuerpos y si me dejan dono plasma.