Por Jaime Veas Oyarzo
Borges y la creación de mitos
Lunes, 24 de agosto de 2020
Cuando Jorge Francisco Isidoro Luis Borges nacía, alumbraba un nuevo siglo. El máximo escritor de nuestro universo literario es un hombre con el siglo diecinueve en los hombros y el veinte en el camino que se abre ante él.

 Cuando Jorge Francisco Isidoro Luis Borges nacía, alumbraba un nuevo siglo. El máximo escritor de nuestro universo literario es un hombre con el siglo diecinueve en los hombros y el veinte en el camino que se abre ante él.

Cuando en la casa de su abuela Leonor Suárez de Acevedo, en la calle Tucumán 840, nacía el hijo de Leonor Acevedo y Jorge Guillermo Borges. Bilingüe por influencia de su abuela paterna, de origen inglés, aprendió a leer en este idioma antes que en castellano. En 1914 se instala con su familia en Ginebra, ciudad en la que cursa el bachillerato.

Pronto comienza a publicar poemas, cuentos y ensayos en su estadía en España, al regresar a Buenos Aires (1921) redescubre su ciudad natal, impresión que vuelca en versos que reúne en su primer libro, Fervor de Buenos Aires, los que seguiría Luna de Enfrente y Cuadernos San Martín.

Dentro de su vasta producción cabe citar obras como Ficciones, El Aleph, El Hacedor, Historia de la eternidad.

Recibió importantes distinciones de gobiernos extranjeros, y el título de Doctor Honoris Causa de las Universidades de Columbia, Yale, Oxford, Michigan, Cincinatti, La Sorbona y Harvard, Entre los premios cabe destacar el Premio Nacional de Literatura(Argentina,1956), el Formentor (España, 1961) y el Cervantes en 1979.

Su obra traducida a más de veinticinco idiomas, y actualmente Jorge Luis Borges es considerado uno de los más importantes autores en lengua hispana y del mundo, incontables estudios críticos dan testimonio de este creador extraordinario que frecuentó Adrogué, que lo evocaba con nostalgia, por su niñez, juventud y los momentos felices que pasó con su familia en el lugar que formaba parte de su universo.

Que nos deja: la asimilación del criollismo a un cosmopolitismo enriquecedor, la construcción de mitos de la pampa y la ciudad y la apelación a antiguas problemáticas filosóficas del espacio, del tiempo, de la eternidad, de la unidad del ser, la belleza y precisión de lo poético, convierten a la obra de Jorge Luis Borges en un fascinante recorrido, a continuación vamos a disfrutar de uno de sus poemas preferido:

Límites

De estas calles que ahondan el poniente,

una habrá (no sé cuál) que he recorrido

ya por última vez, indiferente

y sin adivinarlo, sometido.

A Quien prefija omnipotentes normas

y una secreta y rígida medida

a las sombras, los sueños y las formas

que destejen y tejen esta vida.

Si para todo hay término y hay tasa

y última vez y nunca más y olvido

¿Quién nos dirá de quién, en esta casa,

sin saberlo, nos hemos despedido?

Tras el cristal ya gris la noche cesa

y del alto de libros que una trunca

sombra dilata por la vaga mesa,

alguno habrá que no leeremos nunca.

Hay en el Sur más de un portón gastado

con sus jarrones de mampostería

y tunas, que a mi paso está vedado

como si fuera una litografía.

Para siempre cerraste alguna puerta

y hay un espejo que te aguarda en vano;

l encrucijada te parece abierta

y la vigila, cuadrifronte, Jano.*

Hay, entre todas tus memorias, una

que se ha perdido irreparablemente;

no te verán bajar a aquella fuente

ni el blanco sol ni la amarilla luna.

No volverá tu voz a lo que el persa

dijo en su lengua de aves y de rosas,

cuando al ocaso, ante la luz dispersa,

quieras decir inolvidables cosas.

¿Y el incesante Ródano y el lago,

todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?

tan perdido estará como Cartago

que con fuego y con sal borró el latino.*

Creo en el alba oir un atareado

rumor de multitudes que se alejan;

son lo que me ha querido y olvidado;

espacio y tiempo y Borges ya me dejan.

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