Psicología
La dictadura de la felicidad: para los psicólogos "hay una pandemia de gente que se siente culpable por no ser feliz"
Sábado, 27 de junio de 2020
Esta filosofía cada vez más extendida tcomporta peligros para la salud física de la ciudadanía, porque la gente adquiere la ilusión de una supuesta invulnerabilidad, de que "todo va a salir bien".

 "Si lo puedes soñar, lo puedes hacer", "Estas aquí para ser feliz", "Hoy va a ser un gran día". Llevamos años siendo bombardeados con eslóganes simpáticos que leemos en tazas bonitas, agendas cuquis y libros de autoayuda. Es la moda de la Psicología del Pensamiento Positivo (PsP), un movimiento ideológico sobre el que numerosos psicólogos alertan por los riesgos que puede comportar en nuestra salud física y mental.

Sobre este asunto trata el libro ‘Felicidad tóxica: El lado oscuro del Pensamiento Positivo', escrito por Rafael Pardo, donde recoge avisos de médicos, psicólogos y otros académicos sobre esta nueva moda. En él, compara el Pensamiento Positivo con el ideal femenino de belleza de los años 90, que provocó una epidemia de anorexia y bulimia entre una población que perseguía un ideal irrealizable e insano".Del mismo modo, ahora parece existir una "pandemia de gente que se siente culpable por no ser lo suficientemente feliz", explica Pardo.

Uno de los peligros que apunta el autor es que los gurús del Pensamiento Positivo ocultan que buena parte de nuestra personalidad y, en consecuencia, nuestra felicidad, depende en un 50% de nuestra genética. "De hecho, un psicólogo o psiquiatra titulado, cuando te visita lo primero que te pregunta es por tus antecedentes", comenta el autor.

La PsP, que vende felicidad como si de cualquier otro producto se tratara, tampoco tiene en cuenta el importante papel que juega la posición socioeconómica. "Te dan ese mensaje perverso de que las condiciones socioeconómicas no son importantes, cuando sí lo son. No es lo mismo estar en un país con democracia que sin ella; tampoco es lo mismo ser mujer en Zambia o en los Estados Unidos. Tú dile a George Floyd que sus condiciones no eran importantes, que su felicidad eran cosa de cuatro pensamientos", asevera.

Así mismo, Pardo apunta que la filosofía del Pensamiento Positivo tiene una oscura conexión con el sistema capitalista y el mundo empresarial, ya que el mensaje que transmite es que el problema está en el trabajador, no en su precariedad laboral: "Así, llegan a hacerte creer que el estrés y ansiedad lo provocas tú por cómo te tomas las cosas, y que la causa no son tus condiciones sociolaborales. Es perverso", dice.

Además, esta filosofía cada vez más extendida también puede comportar peligros para la salud física de la ciudadanía, porque adquieren la ilusión de una supuesta invulnerabilidad, de que "todo va a salir bien". Estas personas, explica Pardo, "tienden a acoger las campañas sanitarias de peor manera" y, en consecuencia, a no tomarse en serio medidas de precaución como las que se han establecido para la Covid-19.

Niños educados para un mundo irreal

Otro factor que preocupa al autor son las generaciones venideras, criadas en un mundo donde el Pensamiento Positivo es lo que se estila y "los niños se educan para un mundo feliz que no existe".

De hecho, psicólogos y psiquiatras alertan que la PsP está creando una plaga de narcisismo, de niños que son criados como los reyes de sus casas; pero que fuera que de ella van a ver que no son los reyes del mundo. "Van a vivir en una frustración permanente, porque no se les ha educado para encajar que en la vida también ocurren cosas malas", asevera Pardo.

La clave, el equilibrio

Entonces, ¿la moraleja es que lo mejor es ser pesimista? Pues no. Según el autor, lo ideal es un punto medio basado en el "optimismo realista" de las culturas orientales, donde se acepta que en la vida hay espacio para todo, lo que viene siendo ‘el ying' y el ‘yang'.

"Desde luego, es mejor levantarse con buen humor, pero no imponerlo como si fuese una obligación", puntualiza Pardo, y concluye: "Al final terminaremos convirtiéndonos en hipocondríacos emocionales, chequeando continuamente nuestras emociones, hasta llegar a un punto que pensamos que sufrimos alguna patología si sentimos tristeza o rabia, cuando en realidad todas las emociones son naturales".

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