Historias de la Región | Por Federico Gastón Guerra
El día que el Zeppelin pasó por Mármol y Adrogué
Lunes, 22 de junio de 2020
Fue el 30 de junio de 1934. Ese día se decretó feriado. Detalles de un día histórico que ya muy pocos recuerdan.

Por Federico Gastón Guerra *

"El 30 de junio de 1934, en un frío amanecer porteño, la inmensa silueta del LZ 127 Graf Zeppelin surcó los cielos rumbo a Campo de Mayo, donde centenares de conscriptos aferraron por más de una hora los cables de amarre que unían la nave con la tierra", se lee en la Historia del Siglo XX del diario LA NACIÓN.

Pero este párrafo sólo describe una parte de aquella historia que quedó grabada en el anecdotario de Buenos Aires. No fue menos cierto que el dirigible, además, surcó los cielos de Adrogué y Mármol para desatar una fiesta que pocos, ya, hoy recuerdan.

El escritor Romualdo de Lillo plasmó en su libro De Adrogué a Mármol en 24 horas unas pocas líneas que renuevan la hazaña de ese día: "En Mármol se pudo observar su paso poco antes de promediar la mañana. Primero como un punto en la lejanía que se agigantaba, pudiendo observarse al pasar muy cerca nuestro su inmenso tamaño".

De aquella jornada se sabe algunos detalles más que los recordados por De Lillo al rememorar aquel vuelo del gigante por sobre las diagonales de Adrogué y los baldíos de Mármol.

En Historia Argentina del diario Clarín se precisa que "el 30 de junio de 1934 se decretó feriado: la imponencia del dirigible Graf Zeppelin volando sobre Buenos Aires obligó a las autoridades a considerar el impacto sobre la curiosidad y el ánimo de los ciudadanos (...)".

El dirigible que a los pocos minutos de asomarse por el Sur llegó a la Capital Federal impuso su porte sobre: la avenida Alem, las calles 25 de Mayo, Reconquista y San Martín. El edificio Central de Correos y el edificio de la Aduana.

Los vecinos de Adrogué se reunieron en las inmediaciones de la hoy plaza Nuestra Señora de Luján (conocida popularmente como plaza "de los aromos" doctor José Aranda) de Mármol sobre la calle Amenedo.

"En el cielo infinito pálidamente azul, el Graf Zeppelín era en ese instante algo imponente, hasta lo indescriptible. No habrá fotografía que pueda dar idea de la impresión subjetiva que produjo al público que, con la cabeza en alto, le vio pasar", se leyó en LA NACION al otro día del acontecimiento.

Y De Lillo suma algunas perlas de color a la imponente vista al decir que "navegaba tan bajo que permitía distinguir a los tripulantes en las ventanillas de la barquilla."

Mujica Lainez

Entre los entusiastas viajeros del Zeppelin (las comodidades eran sólo para transportar de 24 a 35 pasajeros según las distancias) se encontraba el periodista y escritor Mujica Lainez quien estaba allí como enviado especial del diario LA NACION.

Lainez descendió con el dirigible hacia el suelo firme de Buenos Aires. Por su parte el Zeppelin partió rumbo a Rio de Janeiro a las 9.50.

Teniendo en cuenta que el dirigible llegó a Campo de Mayo a las 8.50 es de creer que los sureño han tenido que madrugar aquel sábado histórico para observar a esa máquina voladora gigante que dejaba sombras por donde pasaba.

Lainez, quien supo describir con maestría la historia, la cultura y la idiosincrasia de los porteños, tuvo ese día una visión de la vida que habrá sumado luego a sus experiencias literarias.

Sin duda de aquella influencia el célebre escritor en su afamado "Aquí vivieron" (1949) sentenció: "la noche flotaba sobre el Río de La Plata, ligero como una neblina. Arriba, en el aire (...), salpicaba el cielo estrellado. Toda la bóveda pareció un inmenso jazminero y se confundía con los jazmines enredados en las columnas del corredor".

La experiencia fue tomada muy en serio. Por esto al descender el dirigible en Campo de Mayo la bienvenida fue dada por el director general de Aeronáutica, coronel Ángel Zuloaga, el capitán de Fragata Marcos Zar y el Presidente de la Honorable Cámara de Diputados de la República Argentina, Manuel Fresco.

Dato Técnicos

Según "El Zeppelin en nuestro cielo", texto del investigador Horacio Callegari, el gigante del aire logró 590 ascensiones, voló 1,7 millón de kilómetros y transportó 16 mil pasajeros durante 17.178 horas de vuelo.

En su interior había diez cabinas de dos asientos cama cada una, comedor para veinte comensales, cocina, dos baños completos y una estación radiotelegráfica.

"La impulsión se lograba con cinco motores de 530 caballos de fuerza cada uno", describe el libro Historia del Siglo XX del diario LA NACIÓN.

Hoy parece cuento que el país se haya detenido para ver un dirigible navegar por el cielo patrio. Aunque el guiño cómplice de aquellos años distaba de este presente que suele carecer de emociones y por ende de poesía.

Tal vez estos hechos atraían a los delicados versos que trocaban en versos porque de lo mínimo a lo mayúsculo no hay tantos pasos. Como escribió Jorge Luis Borges: "En cada estrofa está la poesía, esa cosa liviana y sagrada que es tan difícil de definir y que sostenemos con el alma y la sangre".

* Periodista e Historiador.

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