Por Federico Gastón Guerra
El Barrio Inglés de Temperley: raíces británicas de la Argentina
Lunes, 4 de mayo de 2020
La zona comenzó a poblarse con la llegada del ferrocarril. Aquí vivieron Nicolás Avellaneda, siendo presidente de la Nación, y el Teniente General Pablo Riccheri, ministro de Guerra en el gobierno de Julio Argentino Roca. Roberto Arlt escenificó su mítica novela Los Siete Locos. Conserva calles adoquinadas y mansiones de la época.

 Por Federico Gastón Guerra

El Barrio Ingles de Temperley parece detenido en el tiempo: calles arboladas, adoquines, mansiones... marcan que aún las costumbres británicas están presentes en este lugar del Gran Buenos Aires.

La llegada de ingleses, escoceses, irlandeses y galeses data de 1826 cuando Parish Robertson los trajo a la colonia agrícola Santa Catalina, muy cerca de estas tierras. Más tarde los funcionarios y obreros del Ferrocarril Sud (luego General Roca) también instalaron allí sus casas quintas y chales.

La zona creció y se consolidó con las grandes inversiones ferroviarias a partir de 1865. El lugar, una zona alta de muy buen clima y grandes arboledas, fue clave para que la vida británica se afinque en costumbres y tradiciones.

De a poco la comunidad construyó colegios, templos, clubes sociales e instituciones deportivas. Además, diagramaron una forestación única que todavía puede disfrutarse. Luis Letizia, historiador, miembro del instituto Histórico Municipal de Lomas de Zamora, describe que "en el sector comprendido por las calles Virrey Santiago de Liniers, General Tomás Guido, General José María Paz y la avenida Francisco Meeks hay una forestación importante y variada en ciertos sectores del recorrido donde pueden apreciarse palmeras washingtonianas, coníferas de distintas especies, cedros y como arbolado urbano el infaltable plátano, los fresnos, acacias, jacarandá, araucarias excelsa y ligustros".

Las casonas

De las primeras familias surgen los apellidos Cook, Gibson, Cowes, Right, Anderson, Brown. Leticia explica que "se afincaron muchos ingleses como el arquitecto James Smith, el ingeniero en jefe del Ferrocarril Sud, Douglas Purdon; James Duncan, funcionario relacionado al ferrocarril; el médico del Hospital Británico, Owen Elder, en un chalet construido por el arquitecto James Smith; Reginal Pentreh que fuera gerente del Banco Anglo-Sudamericano, entre otros".

Las quintas fueron trocando en chales de estilo inglés. Gran parte de estos fueron diseñados y construidos por el ingeniero James Smith y John Mitchel quienes habían edificado las estaciones de Banfield, Lomas de Zamora y Temperley.

Villa Grampa (Gral. José María Paz 405), erigida hacia 1910, es una de las casonas más característica del barrio. Fue utilizada en ocasiones como set de filmación tanto para cine como para televisión. Es la reproducción exacta de una villa italiana: la planta baja tiene seis habitaciones, un baño y una cocina; arriba tiene ocho habitaciones y dos baños. Está rodeada de añosos árboles y de un jardín extenso y diagramado.

Otra de las residencias que sobresale es la que perteneció al Teniente General Pablo Riccheri autor de la ley del Servicio Militar Obligatorio, organizador del ejército y ministro de Guerra en el gobierno de Julio Argentino. Actualmente el predio pertenece a un colegio privado, conservando parte del espacio ocupado por el militar.

De este paisaje se inspiró Roberto Arlt quien en su novela Los Siete Locos describe: "Cuando llegaron a Temperley, Barsut se sacudió como si despertara escalofriado de un sueño penoso, y se limitó a decir: -¿Por dónde es? Erdosain extendió el brazo, señalando vagamente la distancia que debía caminar, y Barsut siguió el rumbo".

"Caía el tierno azul de la mañana en los bardales de las calles oblicuas -agrega Art-. Tallos, pasteles de todos los verdes y árboles, creaban informes edificios vegetales, crestados por penachos flexibles y bifurcados por laberintos de leñosidades rojas. Esto bajo el aire que ondulaba suavemente, de forma tal, que esas fantásticas construcciones del botánico azar parecía flotar en una atmósfera de oro, que tenía la lucidez vítrea de un cristal cóncavo, reteniendo en su esfericidad el profundo hedor de la tierra. -Linda la mañana -dijo Barsut. Y ya no hablaron más hasta llegar al frente de la quinta".

La quinta presidencial de Avellaneda

El barrio inglés, está delimitado por las calles Meeks, Garibaldi, Liniers y la avenida Hipólito Yrigoyen y por esas cuadras, pero en 1877, vivió el presidente Nicolás Avellaneda.

El jefe de estado le compró la casa quinta a Jorge Temperley (ver recuadro), un predio que tenía varias manzanas y estaba muy cerca de la antigua estación ferroviaria que era utilizada por el primer mandatario para desplazarse hacia la Capital Federal.

La vivienda contaba con dos patios. La sala y el comedor eran espacios amplios con cielos rasos revestidos de lienzo y muros pintados. La sala tenía piso de madera y un gran espejo de marco dorado, además de sillas y sillones de paja; la iluminación era con una lámpara de kerosene con dos luces.

El investigador Jorge Gualco en su libro "Temperley, su historia y su gente", describe que el comedor, como correspondía a la numerosa familia del Presidente, tenía una mesa de caoba para doce personas con aparador de caoba y mármol, un sofá, una mesa de ajedrez y un sillón junto a otros muebles. Tenía también en el comedor una estufa de chimenea, un espejo, un reloj de pared, una araña de dos luces, candeleros con fanal y una vajilla que entre otras piezas, incluía dos docenas de platitos de cristal pata helados, todo un lujo para la época.

Templos

De a poco, los grandes terrenos se fueron dividiendo luego de 1871 cuando la fiebre amarilla provocó la muerte en distintas zonas de la Capital Federal. No obstante la idiosincrasia del lugar no se vio mayormente alterada, por eso que en 1911 inmigrantes escoceses construyeron la iglesia Presbiteriana San Andrés, una de las pocas aún existentes. Se inauguró en 1913 y fue encargada en los trazos a los arquitectos Smith y Collcutt.

En un trabajo de los arquitectos Nilda Carbone, Jorge Higa y Marta Lazzari se lee que la iglesia es de características románticas austeras manteniendo el espíritu de culto. Posee tres vitreaux y un rosetón pequeño en la parte superior.

A pocas cuadras, está el templo católico Nuestra Señora de la Piedad inaugurado el 26 de junio de 1931, a instancias de Monseñor Alberti: posee una gran belleza arquitectónica tanto interior como exterior. En el Ateneo Parroquial se desarrollan diversas actividades.

Muy a pesar de los esfuerzos de la conservación ya muchas fachadas no son parecidas a las primeras ni los carros recorren al galope el adoquinado de sus calles, pero aun así el Barrio Inglés se muestra envuelto en un halo en el que el tiempo a detenido su marcha y sus recuerdos.

Una ciudad a la vera del ferrocarril

El 16 de octubre de 1870, Jorge Temperley realizó la división de sus tierras y a partir de ese día comenzaría a gestarse la ciudad de Temperley, a escasos 20 kilómetros al sur de Capital Federal, partido de Lomas de Zamora.

La historia cuenta que hacia 1854 un inglés de apellido Temperley y de profesión comerciante, adquiría unas tierras delimitadas por las hoy calles Dorrego, Lavalle, Juncal, Avenida Almirante Brown, Eva Perón y 9 de Julio. La propiedad se la había comprado a la familia Marenco.

La quinta era una de las más lujosas del Río de la Plata. El arquitecto Alberto De Paula escribió en un trabajo sobre Temperley lo que un manual turístico decía en 1869: "La quinta del señor Temperley es de lo más agradable que pueda imaginarse: de puro estilo inglés, con hermosos parques a través de los cuales pasa el ferrocarril: debido a esto se ha valorizado mucho dicha propiedad. El señor Temperley está un poco más allá de la estación a la derecha (...) ".

Finalmente, la chacra es dividida totalmente para dar paso al nuevo pueblo.

"Remate clandestino"

Antes de concretar el pueblo, Temperley pensó en la necesidad de una estación de ferrocarril. Por esto el propietario de la tierra le pidió al Ferrocarril Sud que se establezca una estación en esos solares. La empresa le denegó el pedido ya que veían inútil tal gasto ya que la estación de Lomas estaba a un kilómetro de allí.

A esta negativa, Jorge Temperley volvió a insistir pero esta vez fue más precavido: no sólo donó las tierras y los materiales para la parada ferroviaria sino que además dijo que en breve nacería un nuevo poblado en esas tierras vírgenes. Esta vez la estación se construyó y el nombre elegido fue Temperley al habilitarse oficialmente el 1 de enero de 1871. Con todo preparado comenzaron los anuncios, acerca del remate que se haría el 16 de octubre de 1870.

Según consta en el libro sobre la historia de Temperley de los historiadores Gualco y De Paula los anuncios del remate decían: "Venderemos a la más alta postura y sin retirar, los 139 lotes de terreno marcados en el plano, garantizamos al público que la posición de los terrenos es de lo más lindo y lo más pintoresco y alto de Lomas. (...) Tren expreso gratis de ida y vuelta. Sale de la Estación Lima a las 10.30 AM y el viaje dura media hora. Almuerzo a las once. Remate a las doce", la firma de este escrito correspondía a la Inmobiliaria Rodríguez Larrazabal y Cía.

El remate de tierras fue un éxito, aunque faltaba un detalle: no se le había dado aviso al municipio de este proyecto y el naciente pueblo no contaba en su trazado con un "centro cívico" bien formado; a raíz de esto en 1872 se efectúa una denuncia en el Concejo Deliberante acerca de la clandestinidad de aquel remate. Ya algunos años después Temperley se oficializaba y el episodio quedaría para el anecdotario.

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