Por Albertincho Chop
Se rompió un cántaro
Lunes, 23 de marzo de 2020
Una aguda mirada sobre la crisis mundial que destapó la aparición de la pandemia desatada por el coronavirus.

Tiempos difíciles, Tiempos Modernos, como la película, aunque a diferencia de aquel film recordado de Charles Chaplin (1936 -NY), este momento de crisis económico financiera social espiritual y demás, es una Mala Película. En un encuadre de características inimaginables para los actuales gobernantes y el Estado, queda demostrado que arman sus planes día a día, sin llegar a satisfacer una demanda creciente de la totalidad de sus participantes. 

Argentina se encontró de repente que la globalización era más que índices financieros, ambientales o climáticos, y que los pronósticos y proyecciones que empujaban las distintas bolsas financieras, mercados de cereales o cotizaciones monetarias, incluso ese índice Blue o aquel otro de una farándula deportiva o artística, ya no eran.

Ese enemigo invisible que rige pautas de comportamiento nuevas llamado Covid 19 o coronavirus, está siendo expuesto como un blanco a derrotar. Presidentes de grandes naciones como USA, Francia, Alemania y la nuestra ya lo dijeron, "estamos en guerra". Sí, y de ahí, surgen medidas pertinentes de un escenario que hace que la vida sea el objetivo principal, y así cambia el eje de dominio de discusión de lo cotidiano, primero porque no hay una vacuna que la derrote actualmente y es el aislamiento social lo que implica su no propagación. A nivel mundial va a generar paros productivos, desfinanciamiento, descontento social, depresión económica, desempleo, incertidumbre.

La vida primero, si, y eso hoy paso a primer plano como nunca antes, nuestro país, que a veces parece olvidar de epidemias de todo tipo como enfermedades diversas, entre los actuales brotes de sarampión, dengue, o chagas, no quiere verse sumido en un avance de esta pandemia sin precedentes según indican inmunólogos por su alto nivel de contagio y alcance global.

El desfinanciamiento de aquellos institutos que brindan salud, seguridad, educación y la pirámide que necesitamos para tener un nivel de vida al menos satisfactorio, hoy pasa a ser impulsado con recursos de dosis olvidadas de líquido monetario, que no puede esperar. El Estado se hace cargo de un lugar que no puede delegar, los participantes políticos parecen unirse para ese fin, la gente se aísla en parte obligada para cuidarse de no socializar con abrazos pero si haciéndolo gracias a medios de comunicación, internet, supermercados, farmacias, y entidades que aún pueden operar luego de un DNU, del presidente de la Nación, que fuera provisto de medidas para impedir un brote mayor.

Como efecto de esas causas como restricciones necesarias o consecuencias tanto directas o indirectas, van a generar situaciones de cierre a corto y mediano plazo, sumado a la propia crisis interna, la de país en vías de crecimiento eterno, y ahora, aparece un actor invisible.

Luego vendrán a explicar muchos lo que había que hacer, lo que sabemos hoy bajo esta tinta de las teclas de mi PC es que lo producido detrás de escena de este "actor", además de incertidumbre y oscuridad, es un antes y después de la economía mundial, micro y macro, ruptura total de mercados y estancamiento, una neblina que enmarca un turbio film de Alfred Hitchcook.

Todo trabado, a nivel económico, y social, y su arrastre psicológico, sociológico y la matriz sistemática que impulsa el ejido de este actual escenario. Ese pedicuro que no trabaja, o aquella peluquera, venta ambulante, taxi o cafetín donde se interactúa en el campo social, están también en estado de espera, y así los diversos actores. 

Se rompió algo, un entramado que muestra luz y a la vez sombra. La esperanza y su juego de luces me lleva a poner ya en mi vieja videocasetera que aún tengo una de Jim Carey (The Mask-1994), de mi colección, donde el actor se ponía una máscara y se transformaba en ganador, les propongo que con o sin mascara o barbijo pongan la mejor cara en esta película.

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