Por Rodrigo Mas
Argentina, ante nuevas posibilidades en su política de defensa
Martes, 7 de enero de 2020
El 10 de diciembre de 2019 comenzó en nuestro país una nueva etapa política. Luego de cuatro años de destrucción económica y social, la llegada del peronismo al gobierno de la mano de Alberto Fernández abre nuevas perspectivas.

Por Rodrigo Mas *

 El 10 de diciembre de 2019 comenzó en nuestro país una nueva etapa política. Luego de cuatro años de destrucción económica y social, la llegada del peronismo al gobierno de la mano de Alberto Fernández abre nuevas perspectivas.

Las políticas públicas vinculadas a la defensa nacional han estado presentes en el discurso inaugural que el nuevo mandatario dio ante la Asamblea Legislativa el mismo día de su asunción: Malvinas, Atlántico Sur y Antártida, como así también el rol de las fuerzas armadas y la producción para la defensa fueron la forma concreta con que el presidente hizo presentes algunos de los problemas que deberá afrontar su gobierno.

El encargado del área será Agustín Rossi, quien ya fuera ministro de Defensa entre 2013 y 2015, durante el segundo mandato presidencial de Cristina Kirchner. La primera definición de Rossi ha sido sumamente alentadora: priorizar la producción nacional de material militar. En ese sentido, afirmó ante el diario Página 12 en una entrevista del 14 de diciembre: "todo país industrial desarrolla una industria para la defensa. Eso es estratégico. Nuestra intención es desarrollarla para equipar a las fuerzas armadas pero que también tenga un involucramiento positivo en el desarrollo económico del país".

Para graficar la importancia que tiene este rubro en otros países, y el potencial que significaría para el nuestro, mencionemos simplemente algunos ejemplos: según el Instituto Internacional de Investigación de Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés) se calcula que el valor total del comercio mundial de armas en 2017 fue de al menos de 95.000 millones de dólares. Según este mismo instituto, entre 2014 y 2018 Estados Unidos exportó el 36% del total mundial del armamento, seguido por Rusia (21%) y Francia (6,8%). Brasil, el único país latinoamericano, figura dentro de ese mismo ranking, en el puesto 23 con un 0.2%

El titular de la cartera de Defensa acierta en su diagnóstico: nuestro país necesita desarrollar sus capacidades productivas en el ámbito militar. Esta necesidad ya fue marcada hace varias décadas por militares que comprendieron claramente que, por razones económicas, pero, sobre todo, por cuestiones geopolíticas, era indispensable avanzar en ese camino: Enrique Mosconi y Manuel Savio fueron los precursores, y luego Juan Domingo Perón, quien llevó a esa rama de la industria a su máximo desarrollo durante sus dos primeros gobiernos, entre 1946 y 1955.

La destrucción promovida por sucesivos gobiernos liberales nos ha hecho perder enormes capacidades productivas. El continuo recorte presupuestario que sufrió el área de defensa, agravado desde 1983 en adelante, también se vio reflejado en la merma de la capacidad de combate de las fuerzas armadas, escasamente equipadas o provistas de material obsoleto.

De la mano de estas políticas, en las últimas décadas, y para citar solo algunos de los tantos ejemplos posibles, el país ha visto la anulación de proyectos clave como el misil Cóndor en 1991, la explosión de la fábrica militar de Río Tercero en 1995, el cierre de la planta productora de pólvora y explosivos ubicada en la ciudad bonaerense de Azul en 2018, entre otros retrocesos.

Por ello las definiciones del actual ministro abren enormes esperanzas de comenzar a revertir décadas de desinversión en materia de producción nacional destinada al ámbito militar de nuestro país. En la necesidad de retomar esta senda se impone otra decisión, igualmente importante que la de comenzar a poner de pie nuestras fábricas y apuntalar el desarrollo tecnológico militar: la selección de quiénes serán nuestros proveedores estratégicos.

Para resaltar la relevancia del asunto, nos limitaremos a comentar dos episodios que han tenido lugar en los últimos años, la exportación del avión Pampa a Bolivia y la compra de los aviones Súper Entendard Modernizados a Francia.

En el caso de la posible venta de los aviones que nuestro país produce en la provincia de Córdoba, a mediados de 2019 altas autoridades argentinas y bolivianas habían hecho pública la idea de concretar un intercambio comercial entre ambos países donde Argentina daría aviones Pampa III a cambio de gas boliviano. A pesar del interés de ambos y de la visita del entonces presidente Evo Morales a la Base Aérea de El Palomar, dicho acuerdo no pudo ser concretado, debido a la interferencia de Israel -proveedor de insumos y piezas esenciales del mencionado avión-que, tal como informó el diario Clarín del 4 de junio de 2019: "Israel se opone a dicha operatoria, según supo Clarín de altas fuentes civiles y militares, en principio porque no tiene relaciones diplomáticas con Bolivia, como no las tiene ni con Cuba y Venezuela. La cercana relación de Morales con el régimen de Maduro ensombreció más esa posibilidad". Es decir, la interferencia de un proveedor, con distintos intereses estratégicos, militares y geopolíticos a los de nuestro país, acciona directamente contra nuestro desarrollo.

Un caso similar podemos ver en la compra de cinco aviones Súper Entendard Modernizados a Francia que el gobierno de Cambiemos firmó en 2017, en una operación cercana a los U$S 15 millones. Según el diario Infobae del 31 de diciembre de 2019, dichos aviones "no se pueden utilizar porque carecen de un repuesto que es de origen inglés y se encuentra bajo las restricciones de venta de Londres a la Argentina". Gran Bretaña, en su posición de mantener el control colonial de nuestras Islas Malvinas e islas del Atlántico Sur, y plenamente consciente de sus intereses nacionales, acciona políticas que dificultan hasta el más mínimo intento de reequipamiento de nuestro país.

Por lo tanto Israel, Estados Unidos o Gran Bretaña, al igual que el resto de los miembros de la OTAN, países con claros intereses encontrados a los nuestros, no pueden cumplir el rol de proveedoresconfiables para un desarrollo serio y sostenido de nuestro país en materia militar. Los problemas arriba mencionados, sumados a otras experiencias históricas, como fue la postura francesa asumida respecto de la provisión de misiles Exocet y otro material militar a nuestro país una vez iniciado el conflicto bélico en 1982, son una desgarradora muestra de ello.

En esta nueva etapa que parece abrir la gestión de Agustín Rossi, la voluntad de poner de nuevo en marcha nuestras fábricas y centros de investigación militares debe tener en cuenta cuál debe ser aquel país que participe de dichos esfuerzos, para que los mismos no caigan en un saco roto. ¿Pero cómo realizar esa selección? ¿Quién puede ocupar ese rol? Sin duda, la respuesta debe surgir de un detallado análisis de nuestra posición internacional y de nuestros intereses geopolíticos. El enfrentamiento con Gran Bretaña por nuestras islas del Atlántico Sur -con posibilidad de que dicho conflicto se extienda en los próximos años hacia la Antártida-, hace que ese país y la alianza militar a la que pertenece, es decir, la OTAN, que encabeza Estados Unidos, nos obligue a buscar necesariamente entre aquellos países que, por lo menos en esta área, puedan ofrecernos un acompañamiento confiable y a largo plazo. La búsqueda debe recaer, por lo tanto, en algunos de las pocas naciones que pueden cumplir hoy ese rol: Rusia y China.

Esperamos que la expectativa creada por esta nueva etapa cumpla con las necesidades que nuestro país arrastra tristemente desde hace décadas. ¿Será capaz el ministro Rossi de sacarnos de la penosa situación?

* Licenciado en Ciencias Políticas (UBA)