Por Federico Gastón Guerra
Carlos Gardel cantó su primer tango en Adrogué
Martes, 25 de junio de 2019
El 24 de junio de 1935 perdió la vida en un accidente aéreo en Medellín. Un recuerdo a 84 años de El Zorzal criollo

Carlos Gardel estrenó el tango "Mi noche triste" en Adrogué, y este dato parece ser toda una revelación ya que esta melodía data entre las primeras que cantó El Zorzal quien siempre estuvo vinculado con la zona sur: lugar de boliches y bodegones especiales para las largas tertulias ya archivadas en el olvido o en el recuerdo fugaz de un vecino memorioso.

Lo cierto es que la historia oficial indica que en 1917 Carlos Gardel cantó su primer tango, ´Mi noche triste', en el teatro ?Empire' de Buenos Aires. Pero esa parte de la verdad no revela todo tal como fue. Al menos para la gente de Adrogué que "jura que Gardel entonó ese tema por primera vez en la casa de Cerreti 1167"[1]

El máximo cantor de la música popular de Buenos Aires comenzó desde muy chico a perfeccionarse en la música y sus secretos de aquí que en una nota del investigador Caroline Caro, en la revista Viva, de agosto de 1999, se puede leer:"Carlos Gardel (1890 - 1935) todavía no se había convertido en el Zorzal cuando sus dedos acariciaban la guitarra".

"(...) Aquel Gardel adolescente -sigue el artículo- aprendió a tocar la guitarra en casa de Eduardo Capot, uno de sus primeros profesores de música. Corría la primera década del siglo cuando el Morocho del Abasto tomaba clases casi todos los días para el deleite de los vecinos del barrio que, de paso, lo escuchaban cantar."

De aquellos años iniciales se sabe que el cantante se acercaba por los pagos del sur en busca de noches de romancero popular en compañía de la paz y tranquilidad que por aquí había en esos años de la década del ´10.

Gracias a esos incipientes acordes practicados desde muy chico es que Carlitos pudo acompañarse en sus primeras grabaciones cuando de a poco fue iniciándose en el tango canción y dejar aquella huella imborrable del "cada día canta mejor".

Los socios de la Asociación Nativos, recuerdan que "el joven cantor solía llegar en tren hasta Adrogué para participar de veladas que allí se organizaban".

Era clásico encontrarse con milongas en los pueblos, y Adrogué por esos tiempos lo era, o arrimarse a un viejo almacén devenido en bar para escuchar alguna melodía tanguera.

Ángel Verguer, historiador de Puente Alsina, en su nota "Lo mejor de cada orquesta" describe con precisión esta práctica:"(...) antiguamente, los ciudadanos mantenían la costumbre de frecuentar diariamente las confiterías o salones musicales, a los que iba a escuchar, o mejor dicho a sentir como un sibarita que goza de un manjar, las ejecuciones de la orquesta preferida en la quietud del silencio reinante en el recinto".

Verger más adelante agrega que "atentos los músicos, ya que se exponían a una crítica de personas conocedoras de ese difícil arte, que es llegar al sentimiento de quien lo escucha, realizando el resalte de un instrumento en el momento preciso, dándole vida espiritual al tema, como también a veces era el "chassonier" estilista, y luego el cantor, de la orquesta, el que le daba la fuerza a la obra cantada con su magnífica voz (...)."

Esa voz de deleite parece imposible no asociarla a Carlos Gardel en un lugar preciso del suburbio, Cerreti 1167, allá por 1917. En una humilde casa que con la presencia del Mudo trocaría en cajita musical con notas perfectas y acordes precisos.

Años cercanos a los '20 en los que el fútbol, las carreras y el tango acaparaban todas las tensiones y emociones. Tiempos en lo que Adrogué contaba con un team futbolístico pocas veces igualado: el Club Atlético Adrogué nacido en 1916 de casaca celeste que jugó en la Primera de la, por entonces, Asociación Argentina de Football.

El Club Atlético Adrogué y el Club Atlético Nacional, creado al poco tiempo, fueron las dos entidades que polarizaron la atención en una sana rivalidad.

Fonolas crujientes acompañarían por esos años los bailables del fin de semana, y como un eco que, hoy va perdiendo su uso, asomaría en cada esquina el silbido acompañaría las vueltas de esos discos de pastas que se cansaban de tanto gastar las púas.

Siempre se vuelve al Sur

Y sí en esa casita de Cerreti juran se tejieron los primeros puntos de una historia inigualable como la Carlos Gardel (los más audaces creen que allí no sólo ensayó y cantó "Mi noche triste" sino que se inspiró para interpretarla) quien parecía enamorado de la zona sur. A la que siempre volvía, aun consagrado.

 Y sí en esa casita de Cerreti juran se tejieron los primeros puntos de una historia inigualable como la Carlos Gardel (los más audaces creen que allí no sólo ensayó y cantó "Mi noche triste" sino que se inspiró para interpretarla) quien parecía enamorado de la zona sur. A la que siempre volvía, aun consagrado. 

Mucho se habló de aquella mítica visita del cantante a Lomas de Zamora un 11 de septiembre de 1933. Aquel día el Teatro Coliseo de Lomas de Zamora estuvo repleto de gente de sombrero y traje que colmó las instalaciones. 

Aunque, además de gente grande, los niños se hicieron presentes en el Teatro: es que por aquellos años la radio era la única compañía en las noches familiares y por aquel entonces las audiciones de tango eran el furor entre grandes, jóvenes y menudos, así que nadie podía perderse semejante presentación artística. 

En la edición del 12 de septiembre del '33 el diario La Unión hizo eco de la única presentación de Carlos Gardel en Lomas de Zamora en toda su afamada carrera. 

La crónica de la fecha fue titulada "El festival de anoche en el Español", y luego de una pormenorizada síntesis de lo acontecido el artículo finalizaba: "Cuando Gardel abandonaba el local, numeroso público se había ubicado en el vestíbulo y en la vereda para testimoniar su simpatía". 

Es difícil sintetizar su vida y sus presentaciones pero es bueno tener presente que el Sur formó en El Mudo una amalgama muy especial que el escritor Leandro Oscar Di Renzis supo definir bien al decir que "para la generalidad de los argentinos Gardel y el tango son una relación necesaria y generosa del espíritu". 

Además y con gran poesía Di Renzis escribió: "también, un guiño renovador que autoriza a comenzar de nuevo. Es una unión de hecho como la cuenca con el agua que la transita, para recrear desde el arte y la cultura un ayer poético y evocativo y gozarlo hoy aquí y ahora enalteciendo el pasado y sin desmedro ni enajenación del presente".

 

Un 11 de septiembre de 1933, el Teatro Coliseo de Lomas de Zamora, se encontraba repleto de gente de sombrero y traje, es que Carlos Gardel, el máximo exponente de la música popular de Buenos Aires, cantaría en esa jornada. 

Aunque, además de gente grande, los niños, se hicieron presentes en el Teatro, es que por aquellos años la radio era la única compañía en las noches familiares y por aquel entonces las audiciones de tango eran el furor entre grandes, jóvenes y menudos, así que los chicos no podían perderse semejante presentación artística. 

Ese lunes los aficionados comenzaron desde muy temprano a poblar el Teatro, donde "El Mudo" deleitaría con sus tangos bien criollos y porteños. Muchos que no pudieron pagar la entrada o que se toparon con el cartel: No hay más localidades, esperaron a Gardel en la puerta de la Sala, al menos para verlo de cerca y poder contarlo para siempre. 

La audición había sido organizada por el Club Atlético Los Andes, y el valor de la entrada había sido estipulado en $ 1,20; así que las arcas de muchos debieron descender si la familia era numerosa, pero nada importaba si es que a Carlos Gardel se lo podía ver "Mano a mano". 

La noche se mostró lluviosa y en medio de las gotas un pomposo auto blanco se detuvo para que bajaran del mismo los guitarristas Barbieri y Riverol y el bandoneonista Julio Vivas.

Y...llegó Gardel

De impecable piloto y con la sonrisa clásica que lo inmortalizara en las escenas de cada casa bajó el ídolo Carlos Gardel, ante la locura de la afición que sólo pedía un autógrafo del cantante. 

Antes de que el "Zorzal Criollo" comenzará a cantar un dúo musical intentaba apetecer a la afición aunque esa noche todo fue opacado por la figura del máximo cantante del Río de la Plata. 

Lo cierto fue que Gardel, comenzó a cantar cerca de las 10 de la noche y lo primero que pidió fue que abrieran las puertas y que quienes estuviesen afuera de la sala se acercaran para escucharlo. 

La presentación del astro se prolongó hasta cercana la medianoche y fue verdaderamente impecable, como para alquilar balcones, como le dicen a este tipo de acontecimientos. 

En la edición del 12 de septiembre el diario LA UNION, se hizo eco de la única presentación de Carlos Gardel, en Lomas de Zamora en toda su afamada carrera. 

La crónica de la fecha fue titulada "El festival de anoche en el Español", y luego de una pormenorizada síntesis de lo acontecido el artículo finalizaba "Cuando Gardel abandonaba el local, numeroso público se había ubicado en el vestíbulo y en la vereda para testimoniar su simpatía". 

[1] Diario Clarín 21 de junio de 2001.-


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