Historia del Conurbano Sur | Por Federico Gastón Guerra
Léonie Matthis, la pintora de la patria que vivió en Turdera
Martes, 26 de marzo de 2019
La artista, que murió en 1952, trazó magnificas pinturas que reflejan momentos históricos de la Argentina. Recibió numerosos premios. Fue una viajera incansable. Vivió en una quinta de Turdera (hoy Llavallol). Y aunque nació en Francia fue, con su pincel, la mayor exponente de las antiguas costumbres de nuestro país. Una historia singular y casi olvidada.

 El escritor Mujica Láinez, admirador de la pintora Léonie Matthis, escribió que ella en la Argentina encontró una vida apacible plena de satisfacciones personales y lo retribuyó con creces con una obra de alta calidad y personalísima por la exacta reconstrucción del ambiente histório de nuestras ciudades.

Y agregaba que la figura de la pintora era cautivante: la definía con rasgos suaves, ojos claros y cabellos eternamente ceñidos con una cinta. "Parecía salida de un cuadro de Puvis de Chavannes", remarcaba.

La fría biografía da cuenta que la artista nació en Troyes, Francia, el 13 de marzo de 1883 y falleció el último día de julio de 1952. Comenzó su aprendizaje en el arte desde pequeña con un escultor de su ciudad europea. Luego se trasladó a París e ingresó a la Escuela de Bellas Artes local. Desde allí recorrió España donde conoció, en Granada, al pintor Francisco Villar con quien se casó en 1912. Al poco tiempo se trasladó a la Argentina para vivir en una quinta de Turdera, al sur del Gran Buenos Aires donde tuvo 9 hijos. En la actualidad esa porción donde vivió y murió la artista es Llavallol, aquellos eran tiempo de límites difusos.

En el libro "Llavallol, hojeando recuerdos" se lee: "Mathis(...) con su esposo se afincaron en la esquina de Germán Kurth y Juan B. Justo, calle que marcaba el límite con la Granja La Felisa. El lugar fue conocido como la casa quinta de 1913, ideada por ellos sobre el estilo colonial español y realizada por un constructor de esa nacionalidad. Allí tuvo su atelier".

El arte al servicio de la historia

Mathis se especializó en reconstruir con su pintura los espacios históricos y documentó los sucesos que gestaron a nuestro país, Bolivia y Perú.

Su técnica consistía en el gouache: dibujos minuciosos y ajustados con buen tratamiento espacial con delicadas gradaciones de color y luz.

El crítico de arte Ignacio Gutiérrez Zaldivar indica que la artista "recorrió archivos y bibliotecas, consultó con eruditos e historiadores y finalmente se entregó a la realización de sus series históricas: el período colonial, los años de la organización nacional, la historia de la Plaza de Mayo, las misiones jesuíticas, el Potosí colonial y el Cusco Precolombino".

"Los últimos años ella sufre una especie de ceguera por presión ocular. No salía a la calle, pero seguía pintando en su casa de Turdera, donde pedía que cerraran todas las cortinas. Los paradójico es que esta serie, sobre la vida de Cristo, es la más colorida y luminosa de toda su obra", amplía Guitérrez Zaldívar en Vida y obra de Léonie Matthis, la pintora francesa que hizo del país su gran atelier.

Debido a su gran caudal de pinturas efectuó exposiciones individuales en el Salón Nacional, en el interior del país, en el Salón de Bellas Artes de Francia y figuró en la exposición "La Pintura y Escultura argentina de este siglo", Buenos Aires 1952-53. Su quinta de Turdera (hoy Llavallol), aún existente, deja entrever la tranquilidad exacta que un pintor necesita para la más alta inspiración: combinación de una cuidada arquitectura con armonía y vegetación virgen que eleva las ganas de crear y de retratar sobre el lienzo en sus más variadas formas.

Viajar...

Léonie era, ante todo, una estudiosa del arte y no daba el primer trazo si antes no se asesoraba acerca de lo que iba a retratar. Por esto es que se convirtió en una viajera incansable.

El periodista Eduardo Zabalegui, autor de una pequeña biografía de la artista, subraya que "visitó repetidamente las provincias del norte, cuya vida e historia conoció a fondo. Viajó a Bolivia. Expuso en Perú, en Potosí y en la Paz; en Rosario, Paraná y Río de Janeiro. Revivió en su pintura un tesoro casi desconocido de las viejas edades de las ciudades coloniales y en especial de Buenos Aires".

Su amor por la arquitectura y el pasado que forjó a la patria la llevó a reconstruir con extremada minusiocidad formas, vestuarios y costumbres de la época hasta lograr verdaderos documentos históricos.

Todo lo conseguía mediante la observación de manuscritos, crónicas, memorias y relatos en bibliotecas que frecuentaba en sus largos viajes en busca de realidades para retratar.

A ella le daba igual pintar en una alejada aldea cordillerana, en tierras donde se consolidaron misiones jesuíticas o en pequeños poblados del norte argentino. No obstante, la maestría de sus trazos y dibujos saltó a la masividad años después de su muerte en un hecho más que anecdótico.

"Fue verdaderamente conocida y proyectada a la fama cuando sus cuadros alcanzaron la portada de la guía telefónica. Allí se reproducen a partir de 1985 sus obras ?Plaza Mayor de Buenos Aires', ?El Congreso Nacional' y en la edición de 1988 una admirable ?Plaza San Martín' que llevó seguramente a muchos poseedores de este ejemplar a arrancar la tapa antes de devolverlo para conservar un testimonio de arte de esta maravillosa creadora", puntualizó Mujico.

Su obra y sus premios

Entre sus trabajos más excelsos se destacan "Patio Colonial", una casona en la ciudad del Cuzco, capital del imperio Incaico; "La Plaza de Mayo": un retrato de la historia; "La casa de la alfarera", situada en Tilcara resaltando color y volúmen; "Bajada de la calle Suipacha", donde inmortaliza la fachada del Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco de la calle Suipcha al 1400 de la Capital Federal; "Altar de la capilla de Uquia (Jujuy)", detalles de oro incrustados en el santuario; "La plaza de San Ignacio Mini", allí evoca parte de la ciudad de los jesuitas en Misiones; "La oración de Manuelita Rosas", una mirada al interior de la casona; "Club Naútico San Isidro", resaltando su construcción, veleros, el cielo límpido.

Además, en sus cuadros retrató la recova, el cabildo, la ribera, corrida de toros, diligencias, postales de la semana santa y la ciudad de Buenos Aires desde su génesis en 1536 pasando por la etapa del virreinato, la emancipación nacional, Juan Manuel de Rosas.

El crítico Gutiérrez Zaldivar, puntualiza que "en sus últimos años, al acentuarse su misticismo pintó series religiosas, la última, dedicada a la vida de Jesucristo quedó inconclusa".

Obtuvo numerosos galardones como el Primer Premio para extranjeros en el Salón Nacional de 1919, y en 1939 recibe la condecoración del gobierno de Francia.

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