Historias locales | Por Federico Gastón Guerra
Luis Agote, una eminencia médica que vivió en Turdera
Jueves, 15 de noviembre de 2018
"Cuando murió este benefactor de la humanidad -en Turdera-, el 12 de noviembre de 1954, su capital eran 8.000 libros que integraban su biblioteca y 830 pesos depositados en su cuenta bancaria", afirma Carlos Mujico en su libro "Sí, Aquí Vivieron".

 El doctor Luis Agote nació en Buenos Aires el 22 de noviembre de 1868, e ingresó a la Facultad de Medicina en 1887 donde se graduó con una tesis que llevaba por nombre "Hepatitis supurada". Pero su máxima obra fue descubrir de qué manera se podía conservar la sangre para hacer transfusiones, y esto fue festejado en el Mundo.

La Primera Guerra Mundial iniciada en 1914 abría una paradoja: mientras se mataba gente a millares en los frentes de ataque, Agote ideaba la manera de salvar vidas mediante las transfusiones sanguíneas.

Debido a esto es que el 9 de noviembre de 1914 en el Instituto Modelo de Clínica Médica se realizó una transfusión para reponerle la sangre a un niño que estaba convaleciente debido a una hemorragia nasal. Allí se puso en práctica el descubrimiento que impedía que la sangre se coagulara fuera del cuerpo.

Luis Agote, revolucionario de la hemoterapia

"El doctor Luis Agote tenía esa sencillez que es característica en las grandes almas. Su vida ofreció rasgos de una grandeza excepcional, pues fue ejemplo de intensidad vocacional y de generosa proyección al bien", asegura el periodista Pablo Ramírez en el libro "Los irritantes privilegios en el deporte".

La inventiva fue de gran utilidad para la humanidad. Pero el doctor no dio mayores explicaciones cuando se lo consultó, años después, sobre los pormenores del descubrimiento.

"Un sobrino mío se moría a causa de una hemorragia nasal -sostenía Agote-. No había forma de salvarle la vida, si no era restituyéndole la sangre mediante una transfusión. La hicimos y el chico se salvó, pero yo necesitaba algo más, un elemento anticoagulante para que la extracción llegara a la vena del paciente en el mismo estado de fluidez."

"Una mañana -continuó la explicación- observé a un médico del instituto mientras estudiaba los glóbulos rojos en una solución se citrato de sodio. Salí a la calle y al pasar por un restaurante de la calle Florida vi un plato con huevos. Recordé que el citrato de sodio impide la coagulación de la albúmina, la asocié con el suero sanguíneo y allí hallé la solución."

Un problema acuciante y una solución revolucionaria

Las transfusiones directas todavía se practicaban a comienzos del siglo XX porque era imposible conservar la sangre extraída inalterada para su posterior uso. Al cabo de pocos minutos (de seis a doce) comenzaba su coagulación, manifestada inicialmente en un aumento gradual de viscosidad que terminaba con su casi completa solidificación.

Luis Agote, preocupado por el problema de las hemorragias en pacientes hemofílicos, encaró el problema de la conservación prolongada de la sangre con la colaboración del laboratorista Lucio Imaz. El citrato de sodio (sal derivada del ácido cítrico) evitaba la formación de coágulos. Esta sustancia, además, era tolerada y eliminada por el organismo sin causar problemas ulteriores. La primera prueba con personas se hizo el 9 de noviembre de 1914, en un aula del Instituto Modelo de Clínica Médica, teniendo como testigos al Rector de la Universidad de Buenos Aires, Epifanio Uballes, el decano de la Facultad de Medicina, Luis Güemes, el Director General de la Asistencia Pública, Baldomero Sommer, y el intendente municipal, Enrique Palacio, además de numerosos académicos, profesores y médicos. Durante la misma un enfermo que había sufrido grandes pérdidas de sangre recibió la transfusión de 300 cm3 de sangre previamente donados por un empleado de la institución y conservados por la adición de citrato de sodio. Tres días después el enfermo, totalmente restablecido, fue dado de alta. 


Luis Agote, lejos de los centros científicos más importantes y avanzados, logró resolver el problema de las transfusiones que angustiaba a los miles de médicos reclutados por los ejércitos europeos durante la Primera Guerra Mundial. Fue un gran aporte a la medicina mundial, que contaría desde entonces con un método de transfusión de sangre simple, inocuo y fácil de ejecutar por un profesional idóneo. El periódico estadounidense New York Herald publicó una síntesis del método de Agote y percibió sus proyecciones futuras, afirmando que tendría muchas otras aplicaciones además del tratamiento de hemorragias agudas.

Político, funcionario público y escritor

Luis Agote ocupó varios cargos públicos. Fue secretario del Congreso Interamericano de Medicina e Higiene (1910); director del Lazaretto de Martín García; jefe de Sala del Hospital Rawson y tuvo a cargo la cátedra de Clínica Médica.

Como político llegó a diputado: "Ocupó una banca en el Congreso de la Nación entre 1912 y 1913. Pero no para obtener ventajas materiales, como es la principal finalidad de una gran mayoría de los políticos de los últimos tiempos, sino para presentar o defender proyectos destinados al logro de beneficios para la sociedad", aclara Pablo Ramírez.

Vivió a pasos de la Estáción Turdera, en Pretti al 300. Todavía se aprecia la casona. 

La escritura también lo apasionó, tanto como la lectura. Es por esto que dejó una extensa obra médica.

Eduardo Zabalegui, periodista expresó que "dejó una profusa obra escrita en la que recopiló su enseñanza; gran parte se reunió en los Anales del Instituto Modelo de Clínica Médica". Además, incursionó en filosofía y redactó el libro "Nerón, los suyos y su época".

Su vida en Turdera

No sólo vivió en Turdera, sino que además contribuyó a causas nobles en el partido de Lomas de Zamora como: auspiciar la creación del primer servicio de Hemoterapia en el Hospital Gandulfo.

En Pretti al 300 compartió sus últimos días con los estudios para lograr la cura de una grave enfermedad: el cáncer.

Su salud se debilitó y tuvo un serio problema cerebral que lo alejó de las investigaciones, de los libros y de su laboratorio.

Hoy una calle en el partido de Lomas de Zamora lleva su nombre, hoy el recuerdo se pierde en una calle, pero se agradece en todo el Mundo el descubrimiento que para siempre cambió la historia de la medicina.

Doctor Luis Agote, un médico ilustre que vivió en Turdera...

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