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Violento encuentro OVNI en Monte Maíz
Martes, 16 de octubre de 2018
El 12 de octubre de 1963, en medio de una terrible tormenta alrededor de las tres de la madrugada, Mateo Manocchio y su esposa, sus hijos y su hermana conducían a sus hogares después de una visita al campo en Monte Maiz, Provincia de Córdoba. El hermano de Mateo, Ricardo, estaba siguiendo a la familia en un auto separado.

 El 12 de octubre de 1963, en medio de una terrible tormenta alrededor de las tres de la madrugada, Mateo Manocchio y su esposa, sus hijos y su hermana conducían a sus hogares después de una visita al campo en Monte Maiz, Provincia de Córdoba. El hermano de Mateo, Ricardo, estaba siguiendo a la familia en un auto separado.

Mientras pasaban por una carretera del cementerio, los manocchios notaron un fuerte rayo de luz blanca brillando detrás de ellos. La familia pensó que venía de los faros de Ricardo, pero la luz se apagó de repente cuando llegaron a la entrada de Monte Maiz. Mateo, preocupado, dio la vuelta al auto para buscar a su hermano.

Después de dar marcha atrás, los manocchios encontraron al tío Ricardo perfectamente bien. Se había quedado atrás, era todo. Pero ¿De dónde viene la luz blanca? La familia no estaba segura. Ricardo, de hecho, no tenía idea de lo que estaban hablando. No había visto ninguna luz extraña. Los manocchios se encogieron de hombros y continuaron.

Sin embargo, al llegar a la ciudad, las cosas se pusieron más extrañas. Monte Maiz había perdido su electricidad y las luces estaban apagadas. Ciudadanos confundidos encontraron a un hombre envuelto en una manta, histérico, corriendo bajo la lluvia, agitando un revólver y disparando. El hombre armado pidió ayuda, por lo que algunos espectadores presumiblemente aterrorizados lo redirigieron a la policía.

El nombre del hombre era Eugenio Douglas. Era un conductor de camión de 48 años de la ciudad de Venado Tuerto, y tenía una explicación perfectamente buena de por qué disparaba y agitaba públicamente su arma como un maníaco: había sido perseguido por robots y un OVNI.

Rumbo a la ciudad de Venado Tuerto, avanzaba con su camión cargado de carbón, debido a la lluvia había tomado por la ruta Nº 11 a fin de acortar camino. A las 20.30 hs., cuando ya había sobrepasado Monte Maíz (300 km de la ciudad de Córdoba), notó que en sentido contrario se desplazaba otro vehículo, con luz alta.

Douglas salió como pudo del rodado, totalmente confundido, encontrándose con una sorpresa aún mayor: ante sí había una máquina ovalada, de unos 10 metros de diámetro, con cabina en derredor.

Por una puerta descendieron tres seres de "aspecto semejante al de los robots". Su estatura era "quizás de 4 ó 5 metros o más"; su rostro como de cera, sobresaliendo dos grandes ojos oscuros. Lucían cascos, de los cuales surgían un par de pequeñas antenas "semejantes a las de un caracol", y llevaban una vestimenta pegada al cuerpo, blanco brillante, a manera de "caparazón de yeso". Ellos lo iluminaron con haces de luz roja, que hacían en su cuerpo el efecto de aguijones de fuego, y al contacto con su piel parecían atravesarla.

Al sentirse quemado, temblando y a punto de enloquecer, el camionero preguntó desesperado:

"¿Qué quieren, qué quieren?" No obtuvo respuesta, y al recordar que llevaba consigo un revólver para el caso de ser sorprendido por asaltantes, lo extrajo efectuando cuatro disparos contra ellos. Pero los tiros rebotaron, sin hacerles mella. Ante el cariz de los acontecimientos, el protagonista optó por huir a pie y lo hizo a campo traviesa, cruzando varios lotes sembrados antes de llegar a Monte Maíz. Cuando entró al pueblo, las luces del alumbrado público se tornaron primero violetas, luego verdes, y comenzaron a despedir una especie de gas. Los vecinos consultaron a la usina local, donde se informó que uno de los motores había comenzado a fallar.

Toda esa gente, así como la familia Monocchio, que volvía de una fiesta, vieron a Eugenio Douglas correr jadeante por las calles en demanda de auxilio. Es que a lo largo de toda su carrera, aquellas luces rojas lo habían perseguido, hostilizándolo tenazmente.

Más tarde, la policía fue a buscar el camión de Douglas. Estaba atrapado en una zanja, tal como había dicho. Las autoridades también encontraron huellas, confirmando la parte de persecución de la historia. El motor del camión quedó con los cables quemados y, borradas en parte por la intensa lluvia caída, se descubrieron en el lugar extrañas huellas de aproximadamente 45 cm de largo. Las quemaduras fueron comprobadas por el médico del pueblo.

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