Psicología
"Sentirse estancado": un flagelo que afecta en este tiempo de velocidad y cambio
Martes, 24 de julio de 2018
En un momento de la historia donde nunca hubo tantas opciones para el individuo, un sentimiento de frustración y parálisis suele invadir a muchas personas y anula su capacidad de tomar decisiones y de permitirse crecer.

 En nuestra época es más o menos común escuchar que una persona se siente "estancada" en su vida, una expresión coloquial que posee sus variaciones (hay quien se considera "atorado", "hundido", "en un bache", etc.), pero que, en todos los casos, da cuenta de ese sentimiento de frustración, de cierta parálisis indeseada y, a fin de cuentas, de la impresión de permanecer en un mismo lugar existencial, del que parece no haber salida y al respecto del cual no se mira en el horizonte ningún cambio.

En la medida en que el ser humano pasa buena parte de su formación al cuidado de otros, sin darse cuenta "aprende" a reprimir sus propios impulsos, su deseo, su espontaneidad, sus ganas de hacer algo, etc. Y si bien este mecanismo es hasta cierto punto necesario para la vida en común con otros, cuando se le permite operar sin control puede devenir justamente en el fenómeno del cual estamos hablando. La vida, que está hecha para correr libremente, para florecer, para dar lugar a más vida, se frustra, su curso se interrumpe, no tiene más hacia dónde manar. Te ofrecemos una guía para superar el estancamiento.

Acepta tus circunstancias

Por principio de cuentas, acepta el momento en que te encuentras. A veces, por una inclinación hasta cierto punto "natural" o comprensible, evadimos las sensaciones y pensamientos de frustración que tenemos, por distintos motivos.

Sin embargo, si quieres salir de ahí, antes es necesario que aceptes la realidad en la que vives y, sobre todo, el malestar en tu vida. Intenta mirarlo de frente, sin temor pero también sin juicios.

Prepárate para decidir

"Locura es hacer lo mismo siempre y esperar cada vez resultados distintos". Más allá del autor de esta frase (que algunos atribuyen a Albert Einstein, al parecer equivocadamente), el mensaje es preciso: si quieres un cambio en tu vida, necesitas emprender las acciones necesarias para generarlo.

Sin embargo, sí es posible desde ahora ponerte en el camino de dicho cambio. En otras palabras: tomar otras decisiones preparatorias o paralelas que, en su momento, habrán servido para dar el salto mayor.

Ser consciente de tu miedo

El miedo es una emoción inscrita en nuestra naturaleza más profunda. En cierto modo, es consustancial a la vida, pues en buena medida es la respuesta frente a aquello que la amenaza En el ser humano, sin embargo, el miedo tiene también un cariz existencial, pues además del miedo que podemos sentir ante situaciones de verdadero peligro (una caída potencial, un ataque físico, etc.), a veces desarrollamos también miedo a otras que aunque son en ese sentido inofensivas, nos atemorizan. Miedo a fallar, por ejemplo, a la incertidumbre, al rechazo, quizá incluso al triunfo, etc.

En todo caso, haz el esfuerzo de experimentar conscientemente tu miedo. No te decimos que lo evites, sino justo lo contrario. Vívelo tal y como llega

Conócete y valora lo que posees

En ocasiones, la frustración en la vida surge cuando la persona ha dejado que por mucho tiempo otros conduzcan su vida. El sujeto piensa lo que es en función de lo que otros piensan de él (o de ella), de modo tal que se vuelve un desconocido de sí mismo, que no sabe lo que posee, que no conoce su valor como persona, el valor de sus habilidades, sus conocimientos y sus recursos, etc.

Ser espontáneo

En El miedo a la libertad, Erich Fromm dedica varios párrafos a definir y elogiar la espontaneidad del ser humano como reflejo de su impulso de vida, esa fuerza que muchos de nosotros experimentamos en la niñez en la cual intención y acción se encuentran fundidas: pensamos en hacer algo y lo hacemos, sin titubeos ni retrasos. Con el tiempo, sin embargo, dicha espontaneidad se hace cada vez menos espontánea, por así decirlo, pues las reglas, los códigos sociales, la educación y otros factores interrumpen su libre curso.

No desaparece, sin embargo. De hecho, todos somos capaces de reconocerla. Cuando se nos "antoja" hacer algo, cuando nace de nuestro interior un comentario ingenioso, cuando sentimos ganas de cantar o de bailar, de sonreír, de escribir, en suma, cuando un deseo auténtico se presenta, éste es fruto de dicho impulso de vida. Tanto como sea posible, escucha ese deseo y realízalo, sin ningún otro propósito más que satisfacerlo.

De esa manera, poco a poco te darás cuenta de que la vida busca manifestarse, siempre. 

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