Enigmas, las ciencias, lo interesante
Hallan montañas y llanuras bajo la superficie terrestre
Martes, 19 de febrero de 2019
Lo aprendemos en la escuela: la Tierra está dividida en tres capas, que son la corteza, el manto y el núcleo, que a su vez se divide en núcleo interno y externo. Un esquema básico y acertado, pero que sin embargo deja fuera otras capas más sutiles.

 Lo aprendemos en la escuela: la Tierra está dividida en tres capas, que son la corteza, el manto y el núcleo, que a su vez se divide en núcleo interno y externo. Un esquema básico y acertado, pero que sin embargo deja fuera otras capas más sutiles que los científicos están empezando ahora a identificar en el interior profundo de nuestro planeta.

Un buen ejemplo es el estudio publicado esta misma semana en Science, en el que los geofísicos Jessica Irving y Wenbo Wu, de la Universidad de Princeton, en colaboración con Sidao Ni, del Instituto de Geodesia y Geofísica de China, lograron utilizar las ondas sísmicas de un gran terremoto en Bolivia para localizar, a 660 kilómetros de profundidad, una nueva «capa» que les ha dejado boquiabiertos: una cadena montañosa, muy similar a las que hay en la superficie. La nueva «capa» se encuentra, además, justo en el límite que separa el manto superior del inferior. Hasta ahora, y a falta de un nombre mejor, los científicos simplemente lo han llamado «el límite de 660 kilómetros».

Para poder observar lo que sucede a tanta profundidad, los investigadores utilizaron las ondas más potentes que existen en nuestro planeta, las ondas sísmicas que generan los terremotos masivos. En palabras de Jessica Irving, «si quieres sacudir todo el planeta, necesitas un terremoto grande y profundo».

La energía generada por un terremoto aumenta 30 veces por cada escalón que subimos en la escala de Richter. Y los terremotos más profundos, continúa Irving, «en lugar de desperdiciar toda esa energía en la corteza, pueden hacer que todo el manto siga funcionando».

«Viaje» a las profundidades

Los geólogos quedaron sorprendidos por la «rugosidad» de esa nueva capa, que era incluso más acentuada que la que podemos observar en la capa superficial (la corteza terrestre) sobre la que todos vivimos. «En otras palabras -explica Wu- en el límite de 660 kilómetros está presente una topografía más fuerte que la de las Montañas Rocosas o los Apalaches».

El modelo estadístico elaborado por los científicos no permitió determinar con precisión las alturas de estas montañas, pero en su artículo aseguran que podrían ser más grandes y altas que cualquier otra en la superficie de la Tierra.

La rugosidad, además, no estaba uniformemente distribuida. Lo cual significa que igual que la superficie de la corteza tiene fondos oceánicos lisos y montañas masivas, el límite de 660 kilómetros cuenta con áreas elevadas y superficies llanas. Para comparar, los investigadores también examinaron una capa a 410 kilómetros de profundidad, en la parte superior de la «zona de transición» del manto medio, pero no encontraron nada parecido.

En otras palabras, El equipo de Wu ha descubierto que las capas profundas de la Tierra son igual de complejas y variables de las que observamos en superficie. Por eso, la presencia de esas «rugosidades» a 660 kilómetros de profundidad tiene importantes implicaciones para comprender «cómo funciona» el planeta en que vivimos. Esta nueva capa divide el manto, que constituye cerca del 84 por ciento del volumen total de la Tierra, en sus secciones superior e inferior.

Durante años, los geólogos habían estado debatiendo sobre la existencia o no de ese límite. Algunas evidencias geoquímicas y mineralógicas sugieren que el manto superior e inferior son químicamente diferentes, lo que apoya la idea de que las dos secciones no se mezclan térmica o físicamente. Otros, sin embargo, sugieren que esas diferencias no existen, y que todo el manto es homogéneo y sin partes diferenciadas o separadas.