Velocidad, furia y pasión en el Conurbano Sur
Camino a la gloria: Almirante Brown y su antiguo circuito de automovilismo
Miércoles, 23 de enero de 2019
Hubo una época donde los motores daban su máximo de potencia en un circuito rural que abarcaba una importante porción del distrito: Adrogué, Burzaco, Ministro Rivadavia, Claypole y Calzada. Allí también se corrió una sorprendente carrera de Turismo, desde Claypole hasta Bahía Blanca ida y vuelta.

 Por Federico Gastón Guerra 

Hubo una época donde los motores daban su máximo de potencia en un circuito rural que abarcaba una importante porción del distrito: Adrogué, Burzaco, Ministro Rivadavia, Claypole y Calzada. Allí también se corrió una sorprendente carrera de Turismo, desde Claypole hasta Bahía Blanca ida y vuelta.

"El hombre y la máquina fueron dominando el paisaje. Se construyeron automóviles más veloces y seguros, se diseñaron trazados más exigentes, se impulsaron travesías más extenuantes", indicó el periodista Rafael Saralegui con relación a los comienzos del automovilismo deportivo en la Argentina.

Y de esos comienzos es que esta crónica buscará rememorar los circuitos que ligaron el sur con los primeros intentos por superar día a día aquellas máquinas automovilísticas hasta diseñar los más perfectos modelos aerodinámicos.

De esos tiempos, el escritor Romualdo De Lillo rememora en su libro "De Adrogué a Mármol": "Hasta el año treinta se realizaron en Almirante Brown carreras de automóviles y motocicletas".

"Estas -recuerda el escritor- tenían lugar en un circuito cuyo recorrido comprendía desde: avenida Espora y avenida San Martín, en Adrogué (lugar de partida); hasta 25 de Mayo (entrada a Ministro Rivadavia), tomando luego la avenida República Argentina y por ésta hasta avenida San Martín en Villa Calzada; por último tomaba por la avenida San Martín hasta Espora, y así sucesivamente."

La mayoría del trazado era de tierra virgen sin mayores tratamientos, salvo un tramo de la avenida Espora que gozaba el privilegio de tener un mejorado en su traza llamado Macadán: una especie de granito y material apisonada que daba a la calle algo más de firmeza sobre todo cuando en lo largos inviernos las lluvias eran parte crónica de un paisaje que de no contar con un camino bueno obligaba a los vecinos a quedarse atrapados por meses en su pueblo.

Este primitivo autódromo fue utilizado por aquellos que encontraban en la velocidad del automóvil un atractivo nuevo y sobre todo apasionante. De aquí que el profesor Aldo Karlés, en su Crónica Histórica de Almirante Brown, precisa que "El Lomas Automóvil Club (...) para mediados de abril de 1929 preparó una importante carrera de coches "Standard" que tendría lugar el 28 de abril en Almirante Brown".

"La carrera se correría en el circuito denominado ?Almirante Brown' -explica Karlés- que comprendía las calles: avenida Espora hasta la calle que conducía a la quinta del doctor Celesia, por esta hasta el Camino Real y por dicho Camino hasta la avenida San Martín y por esta última hasta su cruce con avenida Espora. El circuito tenía 17 kilómetros y sería recorrido 12 veces."

La expectativa ha sido muy grande y casi fue el único tema que por esos años acaparó la atención de ese poblado de casas bajas y campo traviesa. "El desarrollo de la carrera fue una fiesta popular que contó con la presencia de gran cantidad de espectadores", rememora Aldo Karlés en su trabajo histórico.

Luego, hasta Bahía Blanca

Tal vez, debido a la convocatoria masiva es que el Sur volvió a ser protagonista en la historia grande del automovilismo deportivo, en los albores del inconfundible Turismo de Carretera.

Ya no se trataba de una carrera con sólo competidores locales sino que la competencia de 1933 tuvo pilotos de otras ciudades. Pero esta, además, quedó grabada como la "Carrera que sólo terminó un corredor".

La idea fue hacer una caravana que partiera de los límites de Claypole con Florencio Varela y que los autos fuesen ida y vuelta hasta Bahía Blanca. Sí, con esos caminos imposibles y con la tecnología de punta que entregaba ese 1933.

Las noticias periodísticas de ese año titularon al desafío (que se corrió un 11 de febrero de 1933) como: "El Gran Premio Nacional de 1933 es todo una epopeya". Y así lo fue: a la distancia y a las malas rutas se le sumó la lluvia.

En la historia del automovilismo deportivo del diario La Nación se lee: "Todavía puede recordarse una bandera a cuadros recibiendo a un sólo automóvil, irreconocible bajo una espesa capa de barro que lo cubría, del que descendió un vencedor agotado, exhausto por el formidable esfuerzo que supuso una lucha desigual contra la naturaleza a través de 600 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta (de los limites de Claypole con Florencia Varela hasta Bahía Blanca)".

"Largos kilómetros de un barro escurridizo -sigue la nota de La Nación- y sucio que trababa la potencia propulsora de la máquina, tratando de atraparla como lo había hecho antes con todas las otras que quedaron agotadas en alguna parte (menos con la de Roberto Lozano quien entró en la historia grande del automovilismo deportivo por esta hazaña de ser el único corredor en llegar a la meta)."

El trazado parecía imposible para la época y más según cuentan los presentes bajo un calor agobiante y una posterior lluvia que ya desde Ayacucho tomó por sorpresa a los corredores en tiempos en los cuales los partes meteorológicos no eran tan precisos.

Las pesadas máquinas fueron desistiendo y perdieron su lucha con el camino menos Roberto Lozano que con un Ford Nº 8 entró en el Control de Florencio Varela (en los límites con Claypole) a las 21 horas 47 minutos y 39 segundos. La lluvia fue pobre pero espesa. Y tras el arribo de Lozano nadie más sintió sobre su auto el peso y la gloria de la bandera a cuadros.

Sin duda, otros tiempos, otras historias con otros protagonistas.

Tal vez, el aporte al automovilismo grande que se dio en este sur sirva como ejemplo de aquellas palabras del quíntuple campeón de Fórmula 1, Juan Manuel Fangio, cuando expresó que "la historia del automovilismo es el cuento más hermoso para grandes y chicos". Cuento que tiene un capítulo en Almirante Brown.

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