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El submarino de los malditos
Jueves, 3 de enero de 2019
Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, Alemania poseía 29 submarinos desplegados entre el mar del Norte y el Báltico dedicados a tareas defensivas. Un número que fue en aumento cuando estos demostraron su poder como arma de combate.

 Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, Alemania poseía 29 submarinos desplegados entre el mar del Norte y el Báltico dedicados a tareas defensivas. Un número que fue en aumento cuando estos demostraron su poder como arma de combate. En febrero de 1917 ya contaba con 105 listos para entrar en acción y capacidad para suministrar otros 120 para reemplazar a los hundidos. Pero a ninguno de ellos le ha rodeado tanto el misterio como al UB-65, a través de una serie de historias sobre el extraño e inexplicable destino su tripulación que, aun hoy, siguen dándode por ciertas.

Según cuenta la leyenda, los trágicos sucesos de este submarino «maldito» comenzaron antes de ser botado al mar en los astilleros de Brujas (Bélgica). Su primera víctima habría sido uno de los operarios que trabajaba en cubierta, que fue aplastado por una viga de la cubierta a la que se le soltaron las cadenas. Poco después, cuando fue lanzado al agua por primera vez, en 1917, otros tres tripulantes fallecieron asfixiados en la sala de máquinas por los gases del motor mientras comprobaban la maniobrabilidad del buque. Nadie pudo explicar por qué no salieron tranquilamente, pues les habría dado tiempo de sobra.

Antes de ordenar su primera inmersión, el comandante Martin Schelle mandó a varios marinos a que comprobaran, cerraran y aseguraran todas las escotillas del buque. Dos obedecieron, pero el tercero reaccionó de forma inesperada. Sin decir una sola palabra, se dirigió a la cubierta y se arrojó a las hélices por la borda, donde murió descuartizado.

Sin tiempo para guardar el más mínimo luto, cuenta la leyenda que, inmediatamente después, se produjo la inmersión hasta los diez metros de profundidad. En ese momento, el submarino, sin embargo, se hundió de repente hasta el fondo. La tripulación entró en pánico al ver que la presión hizo crujir las paredes de la nave y el agua comenzó a filtrarse e inundar algunos pasillos. Habría estado 12 horas en las profundidades, mientras el oxígeno se agotaba y sin encontrar una explicación a lo sucedido para poder solucionarlo. La tragedia parecía inevitable, cuando, de repente, el sumergible comenzó a ascender. Salió a la superficie justo a tiempo para salvar de la asfixia a toda la tripulación, aunque dos miembros fallecieron, supuestamente, a causa de los daños sufridos en los pulmones.

Las autoridades militares ordenaron trasladar el submarino a los astilleros para su inmediata supervisión. Según el relato, no encontraron ninguna avería. A pesar de esta concatenación de infortunios, se impusieron las necesidades del esfuerzo bélico alemán y la nave fue declarada apta para el servicio. Todo parecía recobrar la normalidad en torno al submarino «maldito» y se ordenó que fuera cargado de torpedos. La tranquilidad duró poco, porque el oficial y los ocho marineros encargados de transportar las bombas también habrían muerto cuando una de ellas explotó.

A pesar de todos estos sucesos, el submarino UB-65 recibió la orden de partir hacia el estrecho de Dover. Un viaje en el que, según la leyenda, parte de la tripulación seguía viendo a los «fantasmas» de los marinos. Cuando llegaron al puerto de Brujas, el temor a la maldición era tan grande que los marinos prefirieron salir corriendo de la nave a pesar de los bombardeos aéreos. Uno de los que huyeron era, supuestamente, el mismo comandante, que moriría ametrallado al salir a la cubierta.

Con el paso del tiempo, muchos de estos sucesos fueron dados por ciertos, quizá por la confusión que hubo durante muchos años en entorno a su destrucción. La leyenda cuenta que, cuatro meses antes de que finalizara la Primera Guerra Mundial, el 10 de julio de 1918, el buque fue descubierto por el submarino estadounidense AL-2 en la costa occidental de Irlanda. Y que, cuando se disponía a torpedearlo, el UB-65 explotó misteriosamente sin que los norteamericanos llegasen a disparar, con sus 37 tripulantes dentro. 

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