Por Víctor Ingrassia
Crecen las infecciones resistentes a los antibióticos por fuera de los hospitales
Jueves, 6 de diciembre de 2018
La aceleración observada en las últimas décadas sobre la emergencia y diseminación de la resistencia a los antimicrobianos está vinculada al abuso y/o mal uso de los antibióticos. La OMS catalogó a la resistencia a los antibióticos como una de las mayores amenazas para la salud mundial

 Cuando en 1928 Alexander Fleming descubrió la penicilina -que permitió desarrollar la cura contra muchas enfermedades microbianas y salvar millones de vidas- nadie sospechaba que esta respuesta se reconvertiría ante un nuevo desafío en el siglo XXI.

La Organización Mundial de la Salud afirma que en la actualidad, la resistencia a los antimicrobianos se configura como un problema real a escala planetaria. Es que las bacterias también evolucionan y esa selección hace que estos microorganismos adquieran resistencia a medicamentos a los que originalmente eran vulnerables.

Por lo tanto, no es suficiente sólo desarrollar nuevos fármacos porque las bacterias, mediante el proceso de presión selectiva, siempre encontrarán la manera de convertirse en resistentes y dejen de responder al tratamiento ordinario, lo que puede dar lugar a enfermedades prolongadas con mayor riesgo de muerte.

La (OMS) calcula que cada año unas 700.000 personas mueren en todo el mundo por esta causa y que, de no tomarse medidas al respecto, esa cifra llegará a los 10 millones para el año 2050. "El cambio no puede esperar. Se nos acaba la era de los antibióticos", fue uno de los últimos comunicados de la entidad mundial sanitaria.

Asimismo, detalló que el mal uso y el abuso sistemático de estos fármacos en la medicina y en la producción de alimentos pusieron en riesgo a todas las naciones. Hay pocos nuevos antimicrobianos de recambio en fase de investigación y desarrollo. Sin medidas armonizadas e inmediatas a escala mundial, se avanza hacia una era post antibiótica en la que infecciones comunes podrían volver a ser mortales.

Esta preocupación de la comunidad científica crece día tras día, ya que la tasa de resistencia a las moléculas con acción antibiótica de uso habitual es muy alta, lo cual impacta en la mortalidad y en la morbilidad de los pacientes, fundamentalmente de quienes se internan en los hospitales y que pueden llegar a contraer alguna "infección asociada al cuidado de la salud" (antes denominada intrahospitalaria o nosocomial).

El cambio de denominación surge de un nuevo paradigma: debido a los cambios operados en las modalidades de atención, encontramos pacientes asistidos con múltiples procedimientos, no solo en el hospital, sino además en hospitales de día, en geriátricos y en internaciones domiciliarias.

El foco del problema no es sólo en el ámbito hospitalario y sanatorial sino que incluye también a centros asistenciales como hospitales de día, geriátricos y hasta las internaciones domiciliarias.

"Estas infecciones asociadas al cuidado de la salud (IACS) están íntimamente relacionadas a la utilización de dispositivos médicos con los cuales antes no contábamos. La medicina ha avanzado enormemente, por lo cual ahora hay más pacientes con compromiso de su sistema inmune (trasplantados, oncológicos, etc.) expuestos muchas veces a procedimientos invasivos que conllevan inevitable riesgo de contraer infecciones asociadas al uso de los mismos", sostuvo el doctor Jaime Kovensky Pupko, bioquímico, especialista en bacteriología clínica UBA y coordinador de la Subcomisión de Antimicrobianos de la Sociedad Argentina de Bacteriología, Micología y Parasitología Clínica (SADEBAC).

Baja tasa de adherencia

En este ámbito, uno de los temas que más preocupan a la comunidad científica es la baja tasa de adherencia al lavado de manos del personal de salud, que en nuestro país no supera el 30 por ciento.

"El mayor problema del no lavado de manos es la transmisión de las bacterias de modo horizontal", afirmó la doctora Adriana Sucari, bioquímica, vicepresidente de la Asociación Argentina de Microbiología (AAM) y presidente de SADEBAC. "Médicos, enfermeros, kinesiólogos y todo el personal de salud que asiste a un paciente que es portador de alguna bacteria resistente puede diseminarla al próximo paciente si no se higieniza las manos entre uno y otro", agregó.

Una de las acciones tendientes a contener el avance de las bacterias multirresistentes es disminuir las IACS. Los especialistas coinciden en afirmar que es mucho lo que se puede hacer para minimizar la tasa de infecciones asociadas al cuidado de la salud.

"Cada institución médica tiene que diseñar e implementar un programa de vigilancia que incluya la búsqueda de portadores de bacterias multirresistentes y la aplicación de precauciones estándar y de aislamiento de contacto, para evitar la transmisión horizontal, aquella que se produce de un paciente a otro, o generalmente a través de las manos del personal asistencial y del uso de objetos inanimados como estetoscopios, termómetros, etc. El lavado de manos es parte de las precauciones estándar; las otras son el uso de guantes, barbijo, gafas y camisolines", sostiene Kovensky.

Por otro lado, los especialistas coincidieron en afirmar que es necesario trabajar seriamente en el cumplimiento de la regulación que ya existe en la venta de antibióticos a nivel humano. "Los antibióticos deben ser prescriptos por un médico y esa receta debe ser archivada en la farmacia. Hay estudios que demuestran que el incumplimiento de esa norma llega al 80 por ciento en la provincia de Buenos Aires", enfatizaron.

Etiquetas