¿Intento de robos?, ¿Asesinatos en serie?
El misterio de los asesinatos a balazos en la autopista Ezeiza - Cañuelas
En marzo mataron a un comerciante y se creyó que el tiro había salido de un polígono, pero no fue así. Un año y medio antes allí le había ocurrido lo mismo a otra víctima.

Cuando Claudio recibió el llamado del hospital pensó que su hermano había chocado con el auto. Manejó desde Lobos hasta Ezeiza esperando un brazo quebrado, un coche roto y la necesidad de reorganizar la agenda del día. Pero cuando llegó se encontró con lo inexplicable: Marcelo Mario Lorenzetti (61), el mayor de sus hermanos, tenía un tiro en la cabeza. Murió horas después y dejó flotando una pregunta que aún hoy busca respuestas: por qué.

En 2015, 19 meses y 30 kilómetros antes, la misma angustia invadió a la familia de Ezequiel "Pichi" Escudero (35): también fue asesinado en la autopista Ezeiza-Cañuelas de un disparo en la cabeza. "Te levantás todos los días pensando en eso", sintetiza Vanina Izarriaga, la viuda de "Pichi".

Nunca se supo qué pasó con ellos ni quién los mató ¿Una pelea? ¿Un asalto? ¿Un error? La duda late en estas dos familias.

A Marcelo Mario Lorenzetti lo mataron el 28 de marzo de este año a la altura del predio que el Club River Plate tiene en el kilómetro 31 de la autopista Ezeiza-Cañuelas. Fue un camionero el que alertó al 911 después de que el Citroën C3 de Marcelo lo chocara desde atrás, hiciera un trompo y quedara congelado contra la banquina. Lo llevaron de urgencia al Hospital Eurnekian donde detectaron el balazo: ingresó por detrás de su oreja derecha, le atravesó el cerebro y se alojó en uno de sus ojos. Nada de lo que hicieron los médicos alcanzó para salvarle la vida.

Unos minutos antes de la tragedia, Marcelo se había detenido en una estación de servicio para cargar combustible. Las cámaras de seguridad lo tomaron alrededor de las 8.20 tranquilo, con movimientos rutinarios. No se percibe en las imágenes miedo en su rostro ni preocupación. Tampoco en el peaje.

Tanta era la incógnita sobre lo que había pasado que hasta sospecharon de una bala perdida. Es que en ese tramo de la autopista, del lado de El Jagüel, está el "Centro de Caza, Tiro y Pesca de Esteban Echeverría". Se trata de un predio que alquila el Ministerio de Seguridad bonaerense para capacitaciones de aspirantes e integrantes de la Policía Local. Aquella mañana, desde las 9, estaba entrenando allí un grupo de Pilar. Faltaban las pericias, pero ante la duda la fiscal Mariela Bonafine, de la fiscalía descentralizada de Esteban Echeverría, pidió un listado de todas las personas que estaban haciendo sus prácticas allí con el número de serie de las armas que utilizaban en ese momento. Su objetivo era asegurar el resultado de una eventual pericia.

Pero al final no hizo falta cotejarlas: a Marcelo le dispararon de costado, bien de cerca y casi a la misma altura con una pistola 9 milímetros.

También declaró el camionero que encontró a la víctima inconsciente en el auto: dijo no haber visto nada hasta sentir el impacto. Otra de las hipótesis que se barajó en la investigación fue la posibilidad de que Marcelo hubiera quedado en la línea de tiro de una banda de piratas del asfalto que quiso asaltar al camión y erró el disparo, pero esto tampoco encontró asidero.

"Lo que más queremos es saber, por mi hermano. Antes insistía más seguido, pero ahora empecé a llamar menos a la Fiscalía. Él estaba yendo a hacer trámites. Tenía algo de dinero y tres cheques que le dio otro de mis hermanos, que desaparecieron. De la investigación no supimos nada más, hasta que del banco nos avisaron que habían intentado depositar uno de los cheques denunciados como robados. Pero cuando hablamos aún estaban a la espera de un oficio para saber quién fue. Lo único que pudimos averiguar fue que lo quisieron depositar en una cuenta de un corralón de la zona donde fue el accidente", explica Claudio desde Lobos, la ciudad natal de los Lorenzetti.

La resignación y la decepción le ganan la voz cuando aclara: "Eso no quiere decir nada, porque en el tiempo que llevaron a mi hermano al hospital el auto estuvo ahí parado, abierto. Cualquiera pudo haberse robado la plata o los cheques. Tampoco quiere decir que el que se lo llevó fue el que lo mató, pero es una pista. Las cámaras de seguridad del predio de River y otros lugares cercanos no tomaron nada, así que no se sabe más".

Fuentes de la investigación confirmaron que están tras la pista de los cheques para saber si tienen vinculación con el caso.

Marcelo era el mayor de cuatro hermanos. Vivió unos años en Mar del Plata, donde estuvo en pareja y tuvo a su hija, María. Era comerciante y había tenido una vinería en el barrio porteño de Balvanera. Después la cerró pero siguió dedicado a la distribución de vinos "premium" en restoranes y comercios de Capital y en Navarro, el último lugar donde vivió.

Todos los martes viajaba en su Citröen C3 gris a visitar clientes, hacer pagos y llevar cajas de vino a Navarro. Pasaba una o dos noches en la casa de algún amigo y luego regresaba. Sostuvo esa rutina hasta el martes del crimen.

Nunca conoció a Ezequiel "Pichi" Escudero (35). Nadie sabe si en su momento leyó la noticia de su muerte y notó la similitud en sus rutinas. Sus historias nunca se habían cruzado hasta que tuvieron en común el escenario de la muerte. Y el misterio.

"Pichi" Escudero era de Las Flores y tenía una verdulería que todavía conserva Vanina Izarriaga (32), su mujer y madre de Santiago, el hijo de 12 años que tuvieron juntos. El 28 de agosto de 2015 este hombre salió en su camioneta para recorrer los 170 kilómetros que separan su casa con el Mercado Central de Buenos Aires, en La Matanza. Hacía ese viaje, solo, cada lunes y viernes. Lo mataron -igual que a Marcelo Lorenzetti- con una 9 milímetros, de un disparo que le ingresó detrás de una oreja. Fue en el kilómetro 61 de la autopista Ezeiza - Cañuelas, a 30 kilómetros del lugar del crimen de Marcelo. Ambos habían tomado la ruta 3, después la Ezeiza-Cañuelas para conectar, finalmente, con la Riccheri.

La autopista no tiene cámaras de seguridad y, las de la municipalidad que tomaron algo de aquella noche no sirvieron para identificar a los responsables del crimen. La causa quedó en la nada.

"Tenía 35 mil pesos en una riñonera cruzada en pecho y su celular. No le robaron nada. No sabemos qué pasó. La camioneta tenía un disparo al costado, aparentemente un auto venía siguiéndolo y le tiró para que se detuviera. Ahí el paró en la banquina y no sabemos... Le dispararon en la cabeza", relata Vanina desde su casa de Las Flores.

Y detalla: "Fue alrededor de las 4 de la mañana, no había mucha gente, pero hubo un testigo, un comerciante de Lobos que quedó asombrado por el fogonazo del tiro. Quizá por eso se asustaron y se fueron rápido, porque después los vio irse a toda velocidad. Eso es todo lo que supimos". Para Vanina la intriga es tan fuerte que reaviva el dolor. "Te levantás todos los días pensando en eso. De alguna forma ya no querés saber más nada, porque es revolver siempre lo mismo y te preguntás: si los agarran, ¿qué les van a hacer? Pero la pregunta es todo los días. El por qué es inevitable".

24 de Diciembre de 2017
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