Salud y Psicología | Por Lic. Claudia Etkin
Cuando el enojo se convierte en dañino para el bienestar y la salud
El enojo es una emoción. Como toda emoción, presenta grados o intensidad en su expresión. Un enojo moderado protege las relaciones, viene acompañado de un sentido de dignidad. Un enojo extremo, explosivo, daña a quién lo padece y a sus relaciones interpersonales.

 William Foster, el personaje interpretado por Michael Douglas en la película "Un día de furia", es un hombre odiado y rechazado por su propia familia. Su madre y su mujer le temen y solo su hija parece ignorar cuanto de maligno o loco hay en su padre. Sin embargo y pese a las atrocidades que Foster comete a lo largo del metraje, arremetiendo con extrema furia con todo lo que encuentra en el camino, el personaje transmite un aura de tristeza. Porque Foster es un perdedor que viste traje y corbata. Estudió, formó una familia, trabajó fabricando misiles para defender a su país y ahora sus estudios no valen, su familia no existe y su trabajo es para otros.

El enojo es una emoción. Como toda emoción, presenta grados o intensidad en su expresión. Un enojo moderado protege las relaciones, viene acompañado de un sentido de dignidad. Un enojo extremo, explosivo, daña a quién lo padece y a sus relaciones interpersonales. La persona que se muestra siempre amable y complaciente que pareciera no registrar la alarma de enojo cuando una situación lo amerita, enquista la emoción que buscará un canal alternativo de salida a través del sentimiento de frustración por no saber cómo defenderse o poner un límite. Entonces contener o negar el enojo tampoco es un beneficio.

Cuando se reprime el enojo, adquiere la modalidad de ser "rumiado". Pensando una y otra vez en lo sucedido, surgiendo sentimientos de rabia hacia la persona involucrada, aumentando el enojo, alterándose el sistema nervioso simpático y parasimpático, provocando resentimiento, deseos de venganza, entre otros. Para sobrevivir es necesario un determinado grado de enojo.

En el otro extremo, se encuentra la persona que ante cada pequeño obstáculo de la vida cotidiana experimenta enojo (el "gruñón"). Y en su máxima expresión, aquel que expresa el enojo de manera destructiva, atacando física o verbalmente a la persona con la que cree es, destinataria de su enojo. El objetivo es dañar a la otra persona, criticando, avergonzando, ignorando, lastimando físicamente.

En la media de estos extremos, se encuentra la expresión del enojo con el objetivo de establecer límites, defender una posición, expresar disgusto y resolver los conflictos, sin amenazar la integridad y autoestima de las otras personas involucradas.

Cómo gestionar el enojo

-Cuando el enojo nos domine, es una buena estrategia, respirar profunda y lentamente durante por lo menos veinte segundos (y repetir por lo menos tres veces), esto hará que nuestro cuerpo se desprenda de la negatividad, redireccionar la mente hacia lo interior, con la mano en el pecho y así eliminar el aire tóxico como los pensamientos destructivos. Volver a conectarse con el exterior en un estado de mayor calma.

-Tratar de evitar encontrarnos en situaciones o con personas que sabemos pueden provocar nuestra ira o enojo. Pero cuando ello no pueda evitarse, practicar la empatía, ponerse en el lugar del otro, escucharlo y observarlo en silencio hasta que finalice su discurso. Con la mayor calma posible, atravesar la situación como si fuera una "tormenta" sabiendo que todo volverá a su lugar.

-Conseguir descanso y relajación: Cuando estamos agotados física o mentalmente, nuestras reacciones de ira y los impulsos agresivos están a flor de piel y tenemos menos recursos para calibrarlos. El agotamiento es el enemigo del control.

-No acumular enojo: es importante afrontar los problemas con asertividad. Lo que se acumula corre riesgo de estallar de manera explosiva y disfuncional siendo más complejo abordarlo para que no produzca daño.

-Aplicar el autoanálisis y la reflexión: distinguir las situaciones y/ o personas que producen enojo y tratar de descubrir por qué nos afecta. Respetar las opiniones y puntos de vista, tomar una actitud positiva, utilizar el recurso del humor.

Lic. Claudia Etkin (Lic. En Psicología y Psicopedagogía- Decana Facultad de Humanidades UdeMM)

30 de Noviembre de 2017
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