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Sexo y pareja: cuando cuesta encontrar el espacio
Por más que nos amemos y nos llevemos bien, no es nada fácil encontrar el punto para equilibrar la vida laboral, la vida familiar, y la vida en pareja.

A veces no depende sólo de las ganas, sino que tiene que ver con el tiempo que contamos, que parece no ser suficiente para todas las cosas que uno desea hacer. Vamos por la vida a ritmo de malabares para cumplir con todo, y sin opción terminamos cediendo lugares que realmente no queremos. Esto pasa con la vida en pareja cuando queda sumergida en la vorágine de exigencias y compromisos de la rutina diaria.

Cada relación se va amoldando a la dinámica que la pareja sostiene, casi implícitamente se van a ajustando los roles, pero que resulte funcional no significa que sea lo que nos haga felices. Más de una vez nos damos cuenta que para que podamos cumplir con todas las presiones cotidianas, tenemos que sacrificar momentos sagrados para nuestra relación, así vamos sobreadaptandonos e intentando confiar en que nuestro vínculo de pareja resista más allá de la cantidad de tiempo que le podemos destinar.

¿Por qué esto es un error? La creencia de que todos los vínculos son incondicionales, nos lleva en muchas oportunidades a pensar que la relación es tan fuerte que va a estar todo bien aunque no nos ocupemos de sus aspectos formales, porque consideramos que lo fundamental se va mantener siempre inalterable. Acá se abre el punto de conflicto dado que ninguna pareja logra sostenerse plena si se la descuida constantemente. La fortaleza de la relación no va a estar solamente en la elección de estar juntos, sino en la manera en que ambos logran defender el espacio que siempre compartieron.

Es necesario aclarar, que esta situación generalmente se da en forma gradual, no es que de un día para el otro, nuestra pareja deja de ser importante, sino que a medida que vamos asumiendo responsabilidades como la paternidad, o nos vamos adentrarnos en la vida laboral, vamos consensuando entre algunas prioridades y relegando o cambiando otras.

Por todo esto debemos reconsiderar la atención que le damos, dentro de nuestra relación, a los siguientes puntos:

La comunicación. Cuando nos quedamos sin tiempo para el diálogo, perdemos el registro del otro, y no saber qué es lo que le pasa a la persona que tenemos al lado, es una puerta directa a todo tipo de conflictos.

La vida sexual. Descuidar este espacio de la pareja nos expone al quiebre de nuestra relación, porque es poner en crisis uno de los cimientos básicos por el cual nos elegimos.

Los proyectos. Si dejamos de proyectar juntos, el vínculo se estanca. Ninguna pareja puede evolucionar sino tiene lugar para pensar su futuro. Poder planificar, y construir nuestras metas es lo que va a retroalimentar una dinámica positiva.

La empatía mutua. Ambos deben sentirse comprendidos por el otro, y juntos tienen que estar comprometidos en encontrar su espacio. No se trata de buscar cuál de los dos descuida el vínculo, sino de poder rearmar y defender el lugar que le queremos dar a la relación.

Para encontrar nuestro espacio es fundamental no aferrarse a excusas, no quedarse con la falta de tiempo, o empantanarse con la rutina que llevamos adelante. La vida nunca presenta los momentos ideales, somos nosotros los que tenemos que salir a crearlos, con la predisposición de que aun con todas las responsabilidades, alcanzamos y alimentamos ese lugar que distingue a nuestro vínculo sobre cualquier otro. Ese debe ser nuestro compromiso real y que luchamos por mantener.

Por lo tanto, no se trata de buscar cuál es el plano más importante, sino de defender aquellos que se relacionan directamente con nuestra felicidad, los que deseamos preservar y que a su vez nos sostienen. Reelegirnos y amarnos en el medio del caos de la vida diaria es un desafío para cualquier pareja, pero lograrlo es, sin dudas, lo que hace única a cada relación.

12 de Octubre de 2017
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